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Acercarse a la vida y la obra de Vicente Ramos, supone por un lado, aproximarse a una personalidad extraordinaria, pero por otro, supone el poder acercarse a una serie de pasajes y hechos del pasado reciente de nuestra historia sin odios y sin rencores.

Nacido en Guardamar el 7 de septiembre de 1917, es hijo de Vicente Ramos Cánovas, juez de paz, y Rosario Pérez Aldeguer, fallecida dos años después, dejando una niña, Rosario, que muere a los siete años. La infancia de Vicente es la de un niño normal, tan sólo marcada por la temprana ausencia de una madre, que su familia trata de paliar enviándole a pasar temporadas a casa de sus tíos, que eran maestros o yendo éstos en vacaciones a su casa. Este hecho hizo también que pronto se acercase a la lectura, iniciada con las novelas de Emilio Salgari y Julio Verne, aunque en 1929 la obra Superrealismo de Azorín marcará su trayectoria posterior. Por entonces su padre se casará en segundas nupcias, siendo esta boda toda una bendición para Vicente Ramos, que tendrá así por un lado una fuente de ayuda académica inestimable y, por otro, al ser su madrastra una gran aficionada a la lectura, tendrá un suministro inagotable de libros a su disposición.
Entre 1931 y 1934 cursa el Bachillerato, algo que le va a permitir descubrir otros aspectos del cercano Alicante y que se combinan con una evolución en sus lecturas, que le llevan a leer a Rubén Darío, a Juan Ramón Jiménez, al colombiano José María Vargas Vila, pero también a introducirse en el universo de la filosofía con autores que van desde Kant hasta Schopenhauer, pasando por Nietzsche y Stirner. Así, a los 16 ya escribirá algún ensayito, y a los 18 su primera novela, destruida después y que tenía una cierta intención moral.
En 1936 gana el Frente Popular las elecciones y poco después se inicia la Guerra Civil. Con 18 años es promovido a maestro y destinado a Alcoy, publica algún artículo en diarios del momento, como uno sobre Mariano José de Larra en Bandera Roja, de carácter socialista. En estas circunstancias su quinta es movilizada, obteniendo el certificado de practicante, que le evitó tener que usar las armas. Promovido en los últimos días de la guerra a Miliciano de la Cultura, tuvo la gran suerte de ser desmovilizado sin tener que pasar por ningún campo de concentración.
Es momento entonces de reencuentros con sus amigos Rafael Azuar, Manuel Molina, o Francisco García Sempere, con los que escribe el desaparecido Renacer del silencio y funda la primera revista literaria de la posguerra: Arte Joven (de la que se publica sólo el primer número), publicando en solitario algún artículo de exaltación patriótica, como "Primavera de España".
Ya más tranquilo, entre 1941 y 1943 vuelve otra vez a las aulas, diplomándose en Magisterio y licenciándose en Filosofía y Letras, a la par que conoce a la que hoy es su esposa y con la cual se casa en 1943, dedicándole su primer libro de poesía, Pórtico Auroral. Prosigue su actividad creativa participando en el nacimiento de la revista Verbo (1946) (la de más larga vida literaria), aunque ya antes había creado Intimidad Poética y la colección Leila.
En 1944 se produce un hecho que marcará su vida. Tras una intervención en el Casino sobre Gabriel Miró, conoce al entonces presidente de la Caja de Ahorros del Sureste, Antonio Ramos Carratalá, que le ofrece crear de la nada una biblioteca sobre Miró, una biblioteca con materiales de primera mano para uso de investigadores, y cuyo inventario aumentaría con posterioridad al conseguir que Francisco Figueras Pacheco, al cual conoció y que colaboró junto a él en la revista Sigüenza en un número conmemorativo de Miró, donase sus archivos. De esta revista, sólo se publicarán cinco números (noviembre 1952 - abril 1953). Plena de alicantinismo, encontramos contenidos entre otros, de y sobre Azorín, Miró..., las reseñas de Mª de Gracia Ifach a los libros recién salidos del momento, la reseña minuciosa de las actividades culturales en el ámbito de Murcia y Alicante... Como anécdota, destacar la mención a la inauguración de la Biblioteca Gabriel Miró.

Su segundo libro, Voz derramada, es publicado en 1946, al que sigue en 1950 el metafísico Cántico de la creación y del amor. En 1951, crea la revista oral quincenal Mensaje literario, por la que pasó lo más granado del pensamiento y de las letras españolas y alicantinas, incluyendo a Aleixandre, Gerardo Diego, Cela o Buero Vallejo (1952).  
Entre 1957 y 1959, viaja a Estocolmo a impartir clases de lengua y literatura españolas. A su vuelta, publicará Poetas suecos contemporáneos, con prólogo de Pemán y Fábulas de la mañana y el mar, a la par que un volumen que recoge los artículos de estos años, enviados al diario alicantino Información.
En 1963 obtiene el título de doctor con la tesis El mundo de Gabriel Miró. Dos años después consigue el Premio Azorín con Literatura alicantina (1839 - 1939), publicado por Alfaguara en 1965. A este le siguen Literatura alicantina de la posguerra, (1967), Salvador Rueda y Alicante, (1969) y Estudios de literatura alicantina (Primera serie) (1979). Pero Vicente Ramos, es un fervoroso patriota pero sobre todo un ferviente alicantino, al igual que el ya mencionado Figueras Pacheco, del cual fue profundo admirador, llevando adelante su máxima: "mi santuario es España, pero en el altar mayor está Alicante". De entre estos libros de carácter más localista e histórico, podemos entresacar los siguientes títulos La Caja de Ahorros del Sureste de España (Vida y obra de Antonio Ramos Carratalá) (1965); Historia de la Provincia de Alicante y su capital (2 tomos) (1971); La Guerra Civil (1936-1939) en la provincia de Alicante (3 tomos), Alicante, Biblioteca Alicantina, 1972-74; o con un carácter digamos "exótico", y que sorprendió a propios y a extraños, incluso una historia del fútbol en Alicante: El Hércules C. F. y el fútbol en Alicante (1975).
Entre los años 1982 y 1986 Vicente Ramos, es elegido diputado parlamentario por Unión Valenciana, realizando con los materiales recopilados en los archivos del palacio de la Carrera de San Jerónimo, entre otros, los cuatro volúmenes de la Historia parlamentaria, política y obrera de la provincia de Alicante, Alicante, 1988-1992. Fue algo atípico en la personalidad tranquila y apolítica de Vicente Ramos, que, sin embargo y gracias a sus grandes conocimientos sobre la provincia, se ha visto inmerso en un debate que dura ya más de 40 años sobre la valencianidad o la catalanidad y el pancatalanismo y que, aparte de varios artículos periodísticos, tuvo una continuidad más o menos humorística con De Albiñana a Monsonís (Agonía del pueblo valenciano) (1981).
Vicente Ramos sigue, por suerte, en activo a día de hoy. Poseedor de multitud de distinciones, pertenece entre otras a la Real Academia de la Historia, es Miembro Numerario de la Real Academia de Cultura Valenciana, Miembro de la Academia Alfonso X el Sabio de Murcia, Cronista Oficial de la Provincia de Alicante, etc. En los últimos años (2000-2003), publicó Historia de la Diputación Provincial de Alicante (3 vols.) (2000-en curso de edición).

Relación con Miguel Hernández
El espíritu, limpio de odios y rencores de Vicente Ramos, ha vivido siempre alimentado por dos amores: uno, ya lo hemos detallado, lo patrio y sobre todo lo alicantino. El otro es el amor por todo lo hernandiano. Pocos pueden decir que una relación tan breve y sencilla como la que ahora explicaremos haya dejado tras de sí unos resultados tan abundantes en todos los sentidos.
Vicente Ramos conoce en 1936 al poeta oriolano Manuel Molina, secretario de las Juventudes de Unión Republicana por aquel entonces, y por cuya mediación le es presentado un año después Miguel Hernández, al cual le estrecha por primera y única vez la mano al finalizar un acto en su homenaje en el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Alicante, que centra su obra Viento del pueblo y sus explicaciones sobre los inicios de la guerra en Madrid. Este acto, tuvo lugar el 21 de agosto de 1937, afirmando el número de ese día de Nuestra Bandera, órgano del Partido Comunista en Alicante: "Las poesías de guerra de Miguel Hernández son, como ningunas, de una hondura humana que estremece", algo que ocurrió también en lo más íntimo de Vicente Ramos, que refleja este encuentro en algunas de sus obras.
Cinco años después de morir Miguel Hernández, y también por mediación de Manuel Molina y de Carlos Fenoll, le es presentada la viuda de Miguel Hernández, Josefina Manresa (a la que conoce desde 1943) y que le autoriza a publicar "Vuelo" y otros poemas, poemas que aparecen en Verbo (1946), a la vez que recoge gran cantidad de información de primera mano en Orihuela, Callosa y Cox. Se inicia así una larga relación, salpicada de intervenciones de Ramos y Molina a favor de la viuda (conversaciones con Aguilar para gestionar los derechos de ésta al publicar las obras completas) o de su hijo (el muchacho era inteligente y voluntarioso pero rebelde y hubo que gestionar su admisión en diferentes colegios como el de La Asunción de Elche). En 1951 se publica también por su iniciativa en la Colección Ifach Seis poemas inéditos y nueve más. Esta edición es casi artesanal, siendo su portada obra de Abad Miró y las ilustraciones de Ricardo Fuentes. Le cabe el honor de ser el primer libro publicado de Miguel Hernández con poesías inéditas desde los años de la Guerra Civil. Su venta pública se prohibió, pero no hay que olvidar que estamos en uno de los momentos más oscuros de nuestra historia editorial más reciente, la censura. Ésta, de la mano del delegado provincial de Cultura, Luis Villó, está a punto de darle un susto por difundir la obra de Miguel, aunque gracias a su sangre fría paró el golpe mostrándole la carta en la cual el propio Hernández critica el dirigismo de la URSS.
En 1952 se inicia, sin saberlo Ramos, el inicio de la ruptura de su relación con la viuda de Hernández, una relación presidida por el interés de ésta. En este caso, ella se presenta en la Biblioteca Gabriel Miró para reclamar la ayuda económica de Ramos. Están a punto de cumplirse los 10 años de la muerte de Hernández y, de este modo finalizaría consecuentemente el alquiler del nicho donde reposaban sus restos. Si no se abonaban 2042 pesetas de las de entonces, que es lo que costaba la compra del nicho, sus restos irían a la fosa común. Rápidamente, Ramos y Molina, que no contaban con los fondos, escribieron a cuantos conocían solicitando su ayuda. Esta suscripción contó con múltiples ayudas: Celaya, Cela, Diego, Buero Vallejo, Pérez Clotet y muchos otros contribuyeron a que en menos de 60 días se sufragase el importe. Ramos sigue sintiendo el hernandismo, y en 1973 la Fundación Juan March, le pensiona para que realice su Miguel Hernández, que publica Gredos, y que durante mucho tiempo fue una de las monografías más completas, al constar de una vasta y exhaustiva bibliografía, reivindicando el amor a la obra hernandiana por sí misma. Además, Ramos descubre una teoría de la naturaleza propia, una concepción hilozoísta, es decir, donde todo está vivo, animado. Para Hernández, la naturaleza es la potencia que fecunda todo, e incluso la muerte participa de esa vida, es la semilla de la nueva con la tierra, a la que volvemos al morir se asemeja al vientre materno, cálido, acogedor.
Ramos va más allá, y descubre su vena existencialista con la visión fatalista que de la vida tiene, aunque para él entre lo más destacado está su capacidad de amar, que le hace, como si de un moderno Cristo se tratase, entregarse a los humildes y luchar contra la injusticia y la guerra.
En 1975 se producirá la chispa definitiva que alejará a Josefina Manresa de Ramos, produciendo una situación de rechazo y odio por parte de ésta. María de Gracia Ifach, publica Miguel Hernández, rayo que no cesa. En esta biografía, aparece Gabriel Celaya como iniciador de la suscripción para pagar el nicho de Miguel. Molina y Ramos localizan entonces las cartas y los resguardos de los giros y le añaden una bibliografía sobre Miguel Hernández en los años 30 y un repaso a sus visitas a Alicante. El resultado, Miguel Hernández en Alicante, publicado un año después, en 1976. Esto hizo montar en cólera a la viuda, que no quería que trascendiese su pobreza en esos años, postura que se refleja en su no asistencia al estreno mundial de Quién te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras, en el Teatro Circo de Orihuela en febrero de 1977, y que nunca comprendió la envergadura de lo hecho por su marido. Vicente Ramos, siempre hizo todo lo que pudo por destacar el nombre de Miguel Hernández. Desde su puesto en el Instituto de Estudios Alicantinos, del que formaba parte desde 1968, intenta sin éxito conseguir ese reconocimiento y la distribución y conocimiento de la obra y la vida hernandianas, pero las tensiones con los catalanistas consiguen que en 1981 dimita como presidente y miembro de la sección de Literatura y Filología del Instituto de Estudios Alicantinos. En 1978 había publicado el opúsculo El Dios primero de Miguel Hernández, sobre la idea de Dios en sus primeros escritos, pero hasta 1992, no lo encontramos otra vez como paladín de lo hernandiano en Defensa del hernandismo. Casi de manera autobiográfica, explica cómo se ha constituido el hernandismo, a modo de dos riberas antagónicas de un río, un hernandismo que en su caso justifica documentalmente, de manera casi autobiográfica, explicando algunas actuaciones del otro hernandismo, el apócrifo, el de la zancadilla, como hace la viuda al presionar para que no realizase la obra escogida, o en sus declaraciones a todo aquel que quiso escuchar. Vicente Ramos se ha enfrentado a este reto recientemente, por un lado en Semblanza de Vicente Ramos (2003), de Martín Sanz, donde se apunta otra vez ese espíritu autobiográfico pero también de defensa del hernandismo y en Vicente Ramos: Alicante, de Luis Beresaluze aparecido hace unos días, donde también tiene cabida ese espíritu en al menos un capítulo del mismo.

 
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