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Coetáneos de Miguel Hernández

Joaquín Romero Murube

Biografía

Comenzamos esta biografía con palabras del propio Joaquín Romero Murube extraídas del libro “La Sevilla de Romero Murube”, selección y comentarios de Concha Cobreros y prólogo de Manuel Barrios. En la página 64 encontramos “Autosemblanza”, nota autobiográfica en la cual el poeta se expresa de la siguiente manera:

“Nací en Villafranca y Los Palacios, el día 18 de julio de 1904. Niñez campesina y lugareña; en tiempo de mis abuelos tuvimos cortijos, fincas y dehesas. Don Antonio Chacón cantaba malagueñas en el patio de casa mientras yo leía el catón… Todo esto se perdió como Cuba y las islas Filipinas. Correspondo al grupo literario “Mediodía”. He publicado varios libros: el que más me gusta, “José María Izquierdo y Sevilla”. Es el que menos se ha vendido.
Mi mayor orgullo sería hacer un libro definitivo sobre Sevilla…”

Romero Murube tercer hijo de Rafael Romero Gutiérrez contaba ocho años de edad cuando su padre, abogado y político liberal que llegó a ser presidente de la Diputación Provincial, decidió trasladarse a Sevilla por motivos profesionales. La familia se instaló entonces en la casa de su abuelo paterno.

Estudió bachillerato en el colegio de Villasís de los Padres Jesuitas, pasando después a la Universidad, donde se matriculó en Derecho y en Filosofía y Letras. Abandonó los estudios para dedicarse por entero a su verdadera vocación que era la de ser poeta, como dejó dicho a modo de introducción en su obra, ya mencionada, “La Sevilla de Romero Murube”.

“Mi verdadera vocación es la de poeta, pero casi nadie lee mis libros, lo que suele ocurrir a todos los poetas de España…”.

Poeta y ensayista considerado hermano menor, por su exclusión de los libros de historia de la Generación del 27. Durante toda su vida participó activamente en diversos acontecimientos de la ciudad de Sevilla, de la que fue amante y defensor.

Se interesó por la literatura desde muy joven. En el año 1923, contando tan solo 19 años, publicó “La tristeza del Conde Laurel”. En agosto de 1924 Juan Ramón Jiménez visitó Sevilla, y el joven Romero Murube transcribió su llegada a la ciudad:

“En el silencio ha pasado por Sevilla, el poeta Juan Ramón Jiménez viene de su casa de Moguer. Alta la figura enlutada, espiritualizada, corresponde fatalmente al poeta de sus últimos versos, desnudos y dolorosos como carne viva”.

En noviembre de 1925 hizo oposiciones al Ayuntamiento para cubrir una plaza de auxiliar de escribientede la clase segunda del Cuerpo Administrativo Municipal y aprobó con excelentes calificaciones; en esa época se vivía la Dictadura de Primo de Rivera.

Fue redactor jefe de la revista literaria sevillana “Mediodía”, que sustituyó a “Grecia” contra el ultraísmo, en lo que se entendió como una llamada al orden, anteponiendo la poesía pura y la orientación neopopularista. Entre los colaboradores encontramos cantidad de nombres: Llosent y Marañón, Porlán, Collantes de Terán, Laffón, Sierra, Labrador, Sebastián, Halcón, Villalón, Bacarisse, Lasso de la Vega, Del Valle, Díez Crespo y Joaquín, los mejores escritores e ilustradores jóvenes de la España de entonces, excelentes poetas de moderna sensibilidad y grata lectura. La dirigía Eduardo Llosent y Joaquín, como ya se ha mencionado, era jefe de redacción. Querían superar la Sevilla pintoresca y tópica, dejando el narcisismo localista, buscando su universalidad y la modernidad. El primer número fue financiado por Manuel Halcón y en él publicó Joaquín el famoso manifiesto “Nuestras normas”.

En octubre de 1934 le comunicaron que, habiendo cesado en el cargo de Director- Conservador del Alcázar Alfonso Laso de la Vega, se le designaba de modo definitivo para que ocupara dicha vacante. Don Joaquín Romero Murube venía desempeñando el cargo con carácter interino. Destacó por sus conocimientos sobre el Alcázar, así como por su trato con los personajes nacionales o extranjeros que lo visitaban.

La noticia de su boda quedó anotada en el libro de registros de “El Conde de los Acevedos” de 1936 de esta forma:“Han casado en Madrid (Santa Bárbara) el escritor y conservador del Alcázar de Sevilla don Joaquín Romero Murube, hijo del difunto don Rafael Romero y Gutiérrez, Presidente de la Diputación de Sevilla, y de doña Nieves Murube; y Soledad Murube y Cardona. Hermanas del novio, Salud y Ana Romero Murube”.

 

En 1936 fue asesinado Federico García Lorca en Víznar (Granada). Cuando Joaquín Romero Murube se enteró de la noticia no comprendía por qué se le podía haber asesinado. Hizo un viaje a Granada para comprobar si era verdad. Después de confirmar el hecho, su amargura le llevó a publicar en plena Guerra Civil el libro “Siete romances”, publicado en 1937 con una tirada de poco más de 200 ejemplares en una edición privada. El libro contenía el poema titulado “Romance del crimen”, del que reproducimos unos versos.

Al acordeón del puerto
le han estrangulado el cante.
En Argel y Alejandría,
en Melbourne y Buenos Aires.
Se han secado las espitas
en el cristal de los bares.
La policía ha prohibido
cierta música en los bares.
Los niños llevan a casa
pistolas, bombones, guantes…

El 19 de marzo de 1944 pronunció el pregón de Semana Santa, en el Teatro de San Fernando de Sevilla. Fue ateneísta y perteneció a la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo.

La trayectoria humana y literaria de Romero Murube está vinculada a las Vanguardias, a la visión artística y meditativa de un nuevo Edén recobrado y a la dimensión ética e histórica de una singular geografía literaria (Sevilla y por extensión, el ámbito meridional).

Le influyeron autores como Vicente Aleixandre, Alberti, Dámaso Alonso y por encima de todos Lorca a quien hospedó en su casa varias veces, y quien bautizándolo como “la honra y el espejo de Sevilla” le dedicó los siguientes versos:
Querido Joaquín,
Triste y malandrín, te mando un abrazo
ancho, azul, turquí.

Por Juan Ramón Jiménez tuvo una admiración casi ilimitada. En la tesis doctoral que le dedicó Matilde Sagaró, se nos traslada el testimonio oral de Eduardo Llosent, quien dice que por aquellos años Joaquín llegó a imitar a Juan Ramón Jiménez hasta en el gesto y el atuendo.

Joaquín fue un poeta esencial. La dimensión de su obra corresponde a su enorme cualidad poética. Dejó una obra muy fina pero relativamente pequeña. Como buen poeta, era un hombre indolente, un tanto indolente, porque lo que él hacía era vivir como poeta. Tuvo la suerte de ir a parar a uno de los marcos más poéticos que pueden encontrarse en la ciudad de Sevilla, a la que amaba increíble y tiernamente.

Los últimos libros de Romero Murube son de prosa, una prosa evocativa y lírica que no vale menos que su verso y que para algunos lectores tiene aún mayor encanto: “Memoriales y divagaciones” (1950), “Lejos y en la mano” (1959) y “Los cielos que perdimos” (1964).

Joaquín Romero Murube fue el único escritor que publicó en Sevilla un artículo dedicado a la muerte de Luis Cernuda. Pidió permiso a la dirección de “ABC” y se lo concedieron. Hay que reconocer el valor para hablar entonces sobre un poeta postergado y exiliado. Era noviembre de 1963. Joaquín también murió en un mes de noviembre seis años más tarde. Un inesperado ataque cardíaco le sorprendió entre los muros del propio Alcázar el 15 de noviembre de 1969. La Vanguardia se hizo eco de la noticia de su muerte.

Tiene una calle dedicada en su amada Sevilla por quien dio la vida. Además, en la calle Cardenal Spínola hay una placa en su honor. Sus hermanos de la Hermandad de la Virgen de la Soledad se acordaron de él en el Centenario de su nacimiento y queda para su recuerdo una Soledad que él escribió:

Obra
  • La tristeza del conde Laurel, 1923.

  • Prosarios, Sevilla, Gironés, 1924

  • Hermanita Amapola, 1925.

  • Sombra apasionada, 1929.

  • Dios en la ciudad, 1934.

  • Siete romances, 1937.

  • Sevilla en los labios, 1938.

  • Canción del amante andaluz, Barcelona, Luis Miracle, 1941.

  • Alcazar de Sevilla- Guía turística, 1943.

  • Kasida del olvido, Madrid, Adonais, 1945.

  • Pregón de Semana Santa, 1945.

  • Ya es tarde, 1948

  • Tierra y canción, Madrid, Editora Nacional, 1948.

  • Memorias y Divagaciones, 1950.

  • Pueblo lejano, 1954.

  • Lejos y en la mano, 1959.

  • Los cielos que perdimos, 1964.

  • Verso y prosa (ed. Francisco López Estrada), Sevilla, Ayuntamiento, 1971.

  • Cobreros, Concha, La Sevilla de...Romero Murube, Sevilla, Caja Rural Provincial, 1981.

  • Lamillar, Juan, “Donde habita el olvido. Joaquín Romero Murube”, en Clarín, nº 30 (noviembre-diciembre de 2000), pp. 49-53.

  • Ruiz-Copete, Juan de Dios, “Joaquín Romero Murube y la razón vital de Sevilla”, en Poetas de Sevilla, Sevilla, Publicaciones de la Caja de Ahorros Provincial de San Fernando, 1971, pp. 169-180.

Relación con Miguel Hernández

No hay constancia de que Miguel Hernández y Romero Murube se conocieran personalmente. Los hechos que a continuación se narran están extraídos del libro “Miguel Hernández, pasiones, cárcel y muerte de un poeta”, de José Luis Ferris, (2002 p. 410).

En el año 1939, recién acabada la Guerra Civil, Miguel Hernández se refugia en el domicilio de Víctor González Gil y contacta con el poeta falangista Eduardo Llosent Marañón, viejo compañero en las Misiones Pedagógicas, director de la revista “Mediodía” de Sevilla en aquellos momentos y flamante director del Museo de Arte Moderno de Madrid. Éste le advierte que Jorge Guillén no se encuentra en Sevilla, ya que había salido de España en septiembre de 1938. Le proporciona algo de dinero y una carta de recomendación para que la presente en la capital hispalense a Joaquín Romero Murube.

Miguel Hernández en su camino hacia Andalucía, se detiene en Alcázar de San Juan, donde visita a unos familiares de Josefina. Desde allí escribe el 23 de abril a su esposa. Cuando llega a Sevilla contacta con el poeta Romero Murube, alcaide entonces del Alcázar hispalense. Con él se entrevista la mañana del 24 de abril en la fortaleza. Todos piensan que es un riesgo encubrir a Miguel o que éste permanezca en un lugar tan poco seguro como la capital andaluza. Lo que no imaginaba Hernández es que el general Franco se encontraba esos días de visita oficial por Andalucía. Desde el 21 de abril se hallaba hospedado en el palacio sevillano de Yanduri, en la Puerta de Jerez.

Según el propio Romero Murube, estando Miguel Hernández en los jardines del Alcázar, entró en el recinto el mismo Caudillo. Romero Murube, como responsable del palacio, se separó discretamente del poeta y fue a presentar sus respetos al general. Una vez cumplido el protocolo, volvió a la compañía de Hernández. El poeta alarmado por el peligro decidió marcharse de Sevilla.

Del libro “La leyenda de Joaquín Romero Murube” de Joaquín Arbide, (P. 43).

“…Que Franco saludara a Miguel Hernández en el Alcázar se lo contó el propio Joaquín a Manolo Barrios con Manuel Alonso Vicedo de testigo, que entonces era prácticamente el director de Radio Sevilla. […] Joaquín le debió contar esa anécdota a numerosos conocidos, porque la mayoría afirma habérsela oído personalmente. Existe también la opinión de que Miguel Hernández no era amigo de Joaquín. Se conocían por su obra literaria. Miguel llegó con una carta de Cossío, que ése sí era íntimo de Joaquín y en la carta decía que protegiese a Miguel que estaba en una situación dramática.

Miguel entró por la puerta del Patio de Banderas, por el apeadero, y se estaba preparando todo en aquellos momentos porque iba a llegar Franco, que la vez anterior había estado en Yanduri, y esta era la primera vez que venía al Alcázar y Joaquín estaba muy nervioso y esto le creaba un problema. Lo único que se le ocurrió fue decirle a Miguel que se fuera a Portugal, que era la mejor salida que tenía, que él no podía acogerle, que era un momento crítico y que él no podía avalarlo, porque él había sido republicano y todavía dudaba si podía o no ser depurado…”.