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Coetáneos de Miguel Hernández

Francisco Salinas

 

Francisco-Martín Salinas y García nació en Callosa de Segura el 17 de noviembre de 1909, y falleció en el Hospital Provincial de Alicante el 30 de mayo de 1987. Sexto hijo de una familia de nueve hijos del matrimonio de Juan Antonio Salinas Bernal y Desamparados García y Macía. Vivían en la calle Cervantes, frente a las escuelas graduadas. El padre tenía una peluquería en el número 16 de la calle Mayor. A la familia le apodaban los Cabotas (en valenciano, cabezotas).

Poeta innato y autodidacto. Amigo y compañero de Miguel Hernández, con quien compartió muchos momentos. Idealista e imaginativo. Tuvo una vida bohemia y bastante irregular. Su vida y obra reflejan la dureza y dificultades de la época. Sus poemas guardan el sentimiento y la sinceridad de un hombre que amó y vivió en la Vega Baja.

Salinas está marcado por la tragedia familiar. Se había casado en Murcia con María, con la que tuvo un hijo llamado Paquito y, al dar a luz, María enloqueció. Su hijo murió de pronta edad de una pulmonía. A él dedicó dos poemas de un hondo sentimiento. El primero, titulado “Al hijo que fue mi hijo”. El otro es un soneto, “A mi hijo Paquito, presentándolo al mundo”, que tiene carácter enunciativo y en el que dialoga con su hijo. El primer terceto encierra un simbolismo celestial:

“Del Águila te hablaré sobre el Moncayo
y de un amor a todos que era el mío.
De un camino muy duro y sin desmayo.”

El noveno verso explica muy bien la intencionalidad del soneto “Del Águila te hablaré sobre el Moncayo”. El Moncayo podría ser símbolo del cielo, explica cómo desde el Moncayo le hablará a su hijo como el águila para que aprenda a volar como ella.

Al quedar viudo de su primera mujer, se volvió a casar en Orihuela con una viuda que tenía varios hijos. Vivieron en el barrio de San Antón. Con esta segunda esposa tuvo otro hijo que vive en Orihuela y al cual puso, también, de nombre Francisco.

Las habilidades poéticas de Francisco Salinas destacan por su capacidad de componer de memoria al estilo de los troveros. No asistió a la escuela. Tomó el oficio de su padre, peluquero, y en el salón de dicha peluquería se reunían, a modo de tertulia informal, poetas de la Vega Baja, entre los que se encontraban Miguel Hernández, Santiago Moreno, Vicente Bautista, Gabriel y Ramón Sijé, Carlos Fenoll, Jesús Poveda, Manuel Molina, Vicente Ramos, Carlos Sahagún y el pintor Gastón Castelló. En estas tertulias se recitaban y comentaban las últimas tendencias literarias del momento.
    
El eje de su vida fue el trabajo y la lucha por sobrevivir. De esa circunstancia nació su poesía, marcada por las preocupaciones existenciales, el amor, la lucha social, el paisaje y la naturaleza patrias, y una gran espiritualidad que lo distinguía de sus contemporáneos. Dice lo que siente; la naturaleza se hace música a través de sus versos, y su sencillez lo hace único. Como dice Carmelo Simón Marín, “es pintor del corazón, de todo lo que el corazón lleva al pensamiento”.

La suma de toda la frustración social y cultural que trajeron las décadas anteriores (la del 30 con su revolución frustrada y la del 40 con un movimiento constitucional burlado), se condensó en un periodo de conservadurismo, represión y honda crisis económica y espiritual. De aquí surgió el estallido revolucionario y la intensa lucha política.

Durante la Guerra Civil, Francisco Salinas perteneció a la Milicia de la Cultura Republicana de Callosa, y por ello fue encarcelado en el Reformatorio de Adultos de Alicante, donde permaneció un año, coincidiendo con Miguel Hernández.

En esta época, Salinas estuvo en Madrid. En 1937 ganó el Premio Madrid con un poema dedicado a la muerte de Federico García Lorca, titulado “¡Por qué mataron al ruiseñor!” (publicado en “Antología poética”, Imprenta Molina, Callosa de Segura, 1989, pp.124-125):

“¿quién mató al ruiseñor?
Mataron al ruiseñor
tan solo porque cantaba.”

En este poema, Salinas denuncia las causas políticas del asesinato de García Lorca.

Es difícil situar la figura de Francisco Salinas en una generación de escritores concreta. Algunos estudiosos han ubicado al poeta, por edad, en la generación del 36 o de la Guerra Civil, aunque Aitor L. Larrabide apunta que “el método generacional ha caído en el ostracismo”. Sin embargo, otros editores y prologuistas opinan que Francisco Salinas pertenece, aunque tardíamente, a la Generación del 27.

La obra de Salinas es una poesía clara y sencilla, aunque robusta al mismo tiempo, escrita para la gente de la calle, del poeta que se hizo a sí mismo sin academias ni universidades.

Sus primeras colaboraciones vieron la luz en el periódico socialista “Apóstol”, de su natal Callosa de Segura, entre 1930 y 1936.

Durante los años 1936 y 1937, Salinas publicó poemas en los números 5, 18 y 19 de la revista “Acero”, órgano de la J.S.U., publicada en Monóvar (Alicante), Casa de las Agrupaciones Marxistas.
Posteriormente colaboró en importantes revistas hispanoamericanas como “Azul”, de Santiago de Cuba; el diario “Clarín” y “La Nación”, de Buenos Aires; “Páginas Banilejas”, de la República Dominicana; “Cimiente”, de Puerto Rico; “Patria”, de Costa Rica; “Hogar Infantil”, de Uruguay, entre otros.

La primera colaboración de Francisco Salinas en la revista “Azul”, de Santiago de Cuba, data de octubre de 1947.

“Dame alas, Señor, para volar,
hasta el inmenso imperio de tu altura.
Y elevándome limpio de esta hondura
me pueda en tu grandeza recrear.”

Soneto “Como la rosa blanca”.

En el soneto citado hay una evidente evocación a José Martí, exquisito poeta cubano, “Apóstol” de la independencia cubana, a través de la rosa blanca, uno de sus símbolos más trascendentes. Aquí queda patente su devoción religiosa, algo muy enraizado, también, en el pueblo cubano.

Su contribución a la revista “Azul” se prolongaría durante más de diez años, y no pasaría inadvertida a la crítica y a los poetas cubanos de entonces. La razón podría estar en su posible amistad con los intelectuales españoles exiliados que se establecieron en Santiago de Cuba a partir de 1939. En esta ciudad, hallaron la oportunidad de trabajar en periódicos, revistas y centro docentes. Las principales figuras de aquel grupo fueron: Juan Chabás, de Denia; el catalán Francisco Prats Puig; Juan Alienes; Francisco Alvero Francés; el también valenciano Francisco Cofre, entre otros.

El entorno iberoamericano no fue un simple escenario geográfico-cultural, sino el núcleo de su espiritualidad, su segunda patria. Esto le llevó a ser miembro de honor del Comité de Cultura Americana (Argentina). Ante la asfixia política y cultural que vivía España bajo el franquismo, Salinas encontró en Iberoamérica la confirmación de sus anhelos y sentimientos.

También colaboró en otras revistas españolas como “La Gaceta Regional”, de Salamanca; “Verbo”, de Alicante, que fundaron José Albi y Vicente Ramos; “Mensaje”, de Madrid; y la leonesa “Espadaña”. “Empireuma” le dedicó un cuaderno titulado “Salinas y el mar” en 1987, a pesar de que se negó a colaborar con la revista oriolana, tal vez por las diferencias que distanciaban sus estilos. Sin embargo, siempre mostró gran admiración por la revista; estuvo presente en sus recitales de poesía, dándoles ánimo y apoyo.

Entre las primeras obras que se conocen destacamos “El Rosal de los Poemas” (1959), editado en la Imprenta Molina de Callosa de Segura. Sin embargo, mucho antes, su lírica ya había adquirido un tono definitorio. Su poesía supo hallar en lo cotidiano, en la sencillez del hombre y del paisaje, un reflejo de eternidad.

En 1963 publicó en Callosa de Segura su libro “Treinta sonetos al aire”. Entre 1981 y 1984 se publicaron más de 150 poemas en la sección “Rincón Poético de Salinas”, aparecidos en la revista oriolana “Canfali”.

Estos poemas, fueron recogidos por la Fundación Cultural Miguel Hernández, junto con otros dedicados a su pueblo natal; un cuaderno con más de cuarenta poemas manuscritos inéditos y una veintena de dibujos destinados a la edición del poemario “Mientras el Alba llega” (publicado en 1982). También destacan  más de quince poemas manuscritos sueltos y una extensa entrevista en la que relata sus vivencias con Miguel Hernández, además de unas veinte cartas y quince documentos relacionados con su actividad literaria, más de diez programas de mano, folletines, carteles y unas ochenta noticias relacionadas con Salinas.

Un resumen ejemplar de madurez y trascendencia son sus obras “Antología poética” (1982), “Salinas y el mar” (1987), ambos de Orihuela, y “Antología poética” (Callosa de Segura, 1989).

Entre 1947 y 1957 mantuvo correspondencia con el poeta murciano Santiago Moreno, la cual aparece recogida en el libro del escritor callosino Vicente Bautista “En torno al poeta Santiago Moreno” (Alicante, Silbo, 1980). Los tres mantenían una gran amistad y, como prueba de ello, Santiago Moreno le dedicó el relato corto “El pañuelo encarnado”, con un sagaz comentario, “A la poesía aventurera de Francisco Salinas”.

Vicente Bautista le dedicó, en el libro “Vega Baja” (Orihuela, Gráficas Zerón, 1988), las páginas 85-88 en homenaje por el 76º aniversario que le ofrecieron sus amigos en el Ayuntamiento de Orihuela en 1975.

El poeta alicantino Rafael Azuar lo recordó en un artículo titulado “El barrio de los poetas” (“Información”, domingo 20 de febrero de 2000), en el que afirmó “que vivía con su amor al campo y recordaba el susurro de los álamos”. Luis Ferrer escribió una semblanza sobre Salinas en “La Gaceta Regional”, de Salamanca (anterior a 1959). Y Mati Bautista lo nombra en la página 13 de “Recuerdos del ayer”.

En noviembre de 2006, con motivo de la presentación del libro de Miguel Rodríguez “La cultura en Callosa de 1988 a 1991”, en la Casa de Cultura Reina Sofía de Callosa de Segura, se proyectó un cortometraje que supuso un recorrido poético por la obra del callosino Francisco Salinas García, y cuya película ha sido subvencionada por el Consejo Municipal de Cultura.

Por todo ello, no podemos decir que Francisco Salinas sea un poeta olvidado, al menos en Callosa, ya que la Biblioteca Municipal y una calle llevan su nombre, si bien su obra poética completa todavía no ha sido recogida en volumen.

RELACIÓN DE FRANCISCO SALINAS Y MIGUEL HERNÁNDEZ

No está demostrada la fecha exacta en la que se conocieron Miguel Hernández y Francisco Salinas. Algunos estudiosos afirman que se conocían desde niños. Sin embargo, en la entrevista realizada por la Fundación Cultural Miguel Hernández a su hijo Francisco Salinas Jr. en diciembre de 2006, éste aseguró que se conocieron en las reuniones que se celebraban en su peluquería en Callosa.

Más tarde, volverían a coincidir, tras la Guerra Civil, cuando Francisco Salinas fue encarcelado en el Reformatorio de Adultos de Alicante, por pertenecer a la Milicia de la Cultura, donde permaneció un año. Tenían una muy buena relación de amistad, que se consolidó durante su estancia en prisión.

Benjamín Salinas, hermano menor de Francisco, asegura en “Vivencias de hoy y de ayer”, libro publicado en 1996 por su compañera Amparo Rives Llorca, que en la relación de Francisco con Miguel “igual hablaban de política que de poesía, en total, juntos reinaba el entendimiento y la concordia, se intercambiaban poemas para corregir o criticar...”. Esto fue corroborado por su hijo en la entrevista anteriormente citada.

Nos preguntamos por qué Francisco Salinas no aparece en ninguno de los testimonios hernandianos. Una de las hipótesis sería que Salinas salió de la cárcel antes de que falleciera Miguel Hernández. Aunque algo tendría que decir al respecto, cuando fue entrevistado por Juan Guerrero Zamora sobre la situación de Miguel Hernández en la cárcel, para documentar su libro “Proceso a Miguel Hernández” (Madrid, Dossat, 1990). Este mismo autor entrevistó también a Josefina Manresa para otro de sus libros, “Miguel Hernández, poeta (1910-1942)” (Madrid, Colección El Grifón de Plata, 1955), y en él mostró su agradecimiento a Francisco Salinas: “Gracias a ellos, no estuve sola al descifrar tanto papel hernandiano borroso y descuidado”. Le acompañaron, también Vicente Ramos y Manuel Molina.

Francisco Salinas dedicó varios poemas a su amigo Miguel, como “Que aún es Miguel” y “Cita con Miguel”, ambos en su libro “Antología poética”. Además, publicó en prensa varios textos titulados “El mejor homenaje” y “Romance a Miguel Hernández, el Pastor”.

“Miguel levantó su voz
dándole existencia eterna.
El mar pega puñetazos
de rabia y sal en la arena.”

Extracto de “Romance a Miguel Hernández, el Pastor”.

En 1971 participó en un homenaje tributado en Orihuela al poeta oriolano, organizado por el Club Thader y del cual se publicó el Extraordinario del Boletín Thader, realizado en Alicante en la Imprenta Moderna. En este escrito habla de su amistad, de los amigos que tuvieron en común y de las colaboraciones que realizaron en la revista “El Gallo Crisis”. Describe a Miguel como un chico tímido y acomplejado, también habla de sus camaraderías en el horno de Carlos Fenoll. Además, destaca el gran cambio que experimentó ante los grandes acontecimientos de su vida: su boda, el nacimiento de sus hijos, el embarazo de su esposa... En este homenaje, recuerda la etapa en la que coincidieron en el Reformatorio de Adultos de Alicante.

Por último, citar uno de los actos más recientes en los que los nombres de los dos poetas alicantinos han coincidido. Hablamos del Recital Poético titulado “Cara a Cara”, que tuvo lugar en el Auditorio Reina Sofía de Callosa de Segura, el sábado 26 de abril de 2008, organizado por la Comparsa Estudiantes de Callosa de Segura junto con el Foro Social de Orihuela.