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Premios Literarios Miguel Hernández 2021 Exposición Bibliográfica Miguel Hernández Genealogía de Ramón Sijé

Coetáneos de Miguel Hernández

Concha Zardoya

 



La poetisa Concha Zardoya González, vino al mundo en la ciudad portuaria chilena de Valparaíso el 14 de noviembre de 1914. Concha era hija de padres españoles, más concretamente de navarros y cántabros.

Concha residió hasta cumplir los diecisiete años en la ciudad que la vio nacer. Su infancia y su adolescencia transcurrieron desarrollando la fortaleza de su temperamento.

Es en Chile donde inicia sus estudios universitarios, estudios de Filosofía que debe abandonar. Corría el año 1931 y sus padres decidieron volver a España. En 1932, y una vez llegados al país, se instalan primero en Zaragoza, para trasladarse más tarde a Barcelona y terminar recalando en la capital, en Madrid. Su libro El don de la simiente (1993) recoge en un poema esa añoranza:

"En otra orilla estás, en donde sueñas
con el Sur y sus aguas de ceniza,
con montes grises y árboles desnudos,
con las dolientes brumas de las rías,
los tristes charcos negros de las lluvias
y el largo, largo viento que gemía".


Pero ese recuerdo de sus orígenes indianos, se plasmó también en los inicios de su carrera con el ensayo titulado La Araucana. Este ensayo demuestra su dominio de la palabra pero también el engarce de las dos culturas, la americana y la europea en su persona.

Su llegada a Madrid fue ciertamente impactante, pues significó el pasar del colorido y la luz, del calor incluso de Valparaíso a la áspera y dura tierra castellana, pródiga en conflictos y que además le hace enfrentarse a realidades como el hambre y la miseria.

En Madrid se matricula en la universidad para seguir los estudios de Filosofía y Letras. Es el año 1934. Estos estudios los continuará dos años, ya que en 1936 le sorprende en Valencia, en cuya universidad asistía a un curso de Biblioteconomía, el estallido de la guerra civil.

Con el estallido de la guerra, se pone prontamente del lado de la República. Inicia entonces su trabajo en Cultura Popular, una institución dependiente del Gobierno de la República que organizaba bibliotecas y actos culturales para obreros y soldados de los frentes, los hospitales o las fábricas, e igualmente organizaba programas de radio para ellos.

La guerra es tremendamente dura para Concha, ya que además de la destrucción propia de la misma, ve como el furor de la contienda engulle a su propio hermano, Alfonso, el único hermano que la poetisa tuvo.

Es en estos momentos de dolor cuando se inicia en la escritura de sus primeros poemas, todos publicados en la legendaria Hora de España, aunque algunos trasladan esa fecha de sus inicios poéticos a 1937.

Finaliza la guerra civil y Concha se queda en España, en Madrid. Para poder subsistir, se dedica a muchas actividades: costura, decoración, y finalmente se dedica a impartir clases particulares de primaria, de secundaria y finalmente de idiomas y a hacer traducciones, pero también publica bastantes títulos, algunas con el seudónimo de Concha de Salamanca. Entre estos, se encuentran Cuentos del Antiguo Nilo (1944), guiones de cine, prólogos de obras clásicas y las series de Lecturas juveniles.

El primer volumen de poesía fue Pájaros del Nuevo Mundo, aparecido en 1946.

Reanuda sus estudios de forma libre, obteniendo en 1947 la licenciatura en Filología Moderna. Ese mismo año, obtiene el accésit al Premio Adonaïs con la obra Dominio del llanto.

En 1948 se traslada a Estados Unidos, donde va a impartir clases de Literatura Española en la Universidad de Illinois, donde obtiene su doctorado con la tesis España en la poesía americana.

De esta universidad, pasará sucesivamente a las de Tulane, California, Yale, Indiana en Bloomington y, finalmente, Boston.

En el año 1949 obtiene la Primera Mención Honorífica del Premio Catá de Cuentos en La Habana.

Desde América, no desdeñó colaborar en cuantas revistas españolas se lo pidieran. Así, además de a la anteriormente mencionada Hora de España de la guerra, hay que mencionar los artículos suyos aparecidos en Corcel, Al-Motamid, Halcón, Ínsula, Manantial, Finisterre, Ámbito, Alcándara, Índice, Bernia o El Español. Igualmente su cooperación en las revistas americanas fue importante.

En 1952 obtuvo la mención honorífica del Concurso "Ifach" de Poesía con el poemario Los signos.

A este premio le seguirán en 1955 el Premio Boscán de Poesía con su obra Por debajo de la luz, y en 1975 el Premio Fémina de Poesía con El corazón y la sombra.

Por fin, en 1977 regresa a España, estableciéndose definitivamente en Madrid, consolidando su carrera con tres premios más: el Premio Café Marfil de Poesía en 1980 con Ritos, cifras y evasiones, el Premio Ópera Óptima con Manhattan y otras latitudes en 1983, y, finalmente, el Premio Prometeo de Poesía en 1988.

Concha Zardoya fue compañera de generación de Leopoldo de Luis, Gabriel Celaya, José García Nieto, Gloria Fuertes, José Hierro o Eugenio de Nora, pero también fue amiga de Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Jorge Guillén o Miguel Hernández.

Ya hemos visto su faceta como poetisa, la más importante, y con la cual gestó casi cuarenta poemarios entre los que destacan además del ya citado Pájaros del Nuevo Mundo (1946), que encabezó la larga lista de premios mencionados y a los que siguen El desgarrado ensueño (1955), Mirar al cielo es tu condena (1957), Elegías (1961), Corral de vivos y muertos (1965), Hondo sur (1968), Retorno a Magerit (1983), No llega a ser ceniza lo que arde (1985), El don de la simiente (1993), Sintonimias del adiós (2002) y Alrededores míos (2003).

Dentro de esta faceta, fue muy destacable el cariño que mostró siempre hacia los niños, a los que dedicó su último poemario, Ronda del Arco Iris (2004), además de otras 33 composiciones que tenían como destinatario al público menudo

Concha Zardoya tuvo también otra faceta destacada, la de ensayista, faceta que se vio muy beneficiada no sólo por su formación como filóloga, sino también por su conocimiento de muchos de los poetas del momento. Destacan sobre todo los ensayos dedicados a sus coetáneos Miguel Hernández y Leopoldo de Luis.

En esta faceta podríamos destacar los títulos Historia de la Literatura Norteamericana (1607-1950), Poesía española contemporánea, Verdad, belleza y expresión, Poesía española del siglo de XX o Miguel Hernández (1910-1942), Vida y obra.

Sin embargo, aún quedan dos facetas de Concha por descubrir. Su faceta como traductora, en la que destacan las traducciones que hizo de la obra del famoso poeta norteamericano Walt Whitman, y finalmente una faceta muy elogiada por compañeros como Leopoldo de Luis, la de crítica literaria. En esta última, destacaron los estudios que hizo sobre poetas como Vicente Aleixandre, Rafael Alberti o Miguel Hernández.

La gran poetisa murió el 21 de abril de 2004, a los 89 años, debido a una insuficiencia cardíaca, en su casa de Majadahonda, municipio de la Comunidad Autónoma de Madrid, que la homenajeó varias veces antes de fallecer y que incluso puso su nombre a la biblioteca municipal.

Pero quizá fue Leopoldo de Luis, uno de sus compañeros de generación y además uno de sus mejores conocedores, que afirmó siempre que su poesía se encontraba llena de preguntas sobre la condición humana, quien fue más allá que muchos críticos y especialistas al afirmar que "inició un tono propio de la posguerra española y representó la poetización de las cosas sencillas".


Relación con Miguel Hernández

Concha Zardoya tuvo una estrecha amistad con Miguel Hernández, amistad que no ha quedado acreditada con ningún encuentro, aunque sí ha quedado más que reconocida con la cantidad de publicaciones en las que la poetisa ha aprovechado para homenajear la figura y la obra del poeta oriolano.

Entre los textos que mencionamos podemos hacer una división entre la obra poética y crítica por un lado, y por otro simplemente los artículos periodísticos que aparecieron en prensa con su firma.

En cuanto a los textos poéticos, podemos citar dos ejemplos, que aparecen publicados insertos en sus primeras obras poéticas, como seguidamente veremos. En cuanto a los textos de carácter crítico, podemos citar doce ejemplos. El primero, es el poema "Llanto de un pájaro por el poeta muerto (A la memoria de Miguel Hernández)", que apareció primero en su poemario Pájaros del Nuevo Mundo, editado en Madrid por la Editorial Hispánica (1946), y que sería reeditado en la obra Homenaje a Miguel Hernández, publicada en 1975, (pp.154-155).

El segundo texto-homenaje, es también otro poema. Se titula: "¿De qué me quejo yo?", y apareció en su obra Dominio del llanto, publicada en Madrid por Gráficas Uguina (1947), (pp. 85- 87).

Tras este poema, se inicia la publicación de diferentes estudios de carácter especializado con la crítica como destinatario final. El primero que debemos citar, que continúa cronológicamente al anterior y poético "¿De qué me quejo yo?", y muy importante por todo lo aportado, es Miguel Hernández (1910-1942). Vida y obra. Bibliografía. Antología, publicado en New York por The Hispanic Institute in the United States en 1955.

En esta obra, lo primero que destaca es la división entre la vida y la obra del poeta de Orihuela, tal y como hace en su libro aparecido en el mismo año Juan Guerrero Zamora.

Sobre la vida del poeta, menciona la importancia que tienen el campo y la naturaleza en la adolescencia de Miguel. También explica que ignora la manera en la que en Madrid se ponen en contacto Miguel Hernández y Concha de Albornoz (p. 14). Sobre ese primer viaje a la capital se dicen vaguedades y no se data dicha permanencia, aunque sí la considera positiva en el fondo. Algunos críticos como Villa Pastur criticarán algún aspecto puntual más concreto, como el olvido del asesinato del padre de Josefina, que fue en Elda y no en Elche.

Los datos que maneja Zardoya, provienen de amigos oriolanos. La crítica no comenta la versión Imagen de tu huella (descubierta por Guerrero) y se refiere a las Misiones Pedagógicas (p. 27) a destiempo, fechando además de manera errónea la intervención hernandiana en éstas en el año 1936.

Por el contrario, sí hay más datos y presenta más minuciosidad en su edición (no pueden compararse las condiciones de editar en España, como Guerrero, o fuera). Recoge toda la leyenda existente sobre Neruda y la liberación de Miguel Hernández y la relación con el Encargado de Negocios de Chile Carlos Morla Lynch. Lo publica en el apartado de notas (notas 188 y 189, p. 40) aportando los textos íntegros del poeta chileno.

En el capítulo sobre su "Obra", la autora habla del legendario cuaderno a rayas (p. 49) con poemas de la adolescencia. Explica cómo los clásicos españoles le llevaron a conocer a los greco-latinos. En este apartado hay que destacar la seriedad y la metodología que sigue Zardoya en los análisis estilísticos, que a pesar de estar superados por el tiempo siguen conservando su valía.

Sobre su obra, menciona primero Perito en lunas, que será "una victoria sobre sí mismo" (p. 51), una aspiración de la cultura. Este apartado fue criticado por estudiosos como Cirre, que destacan que no mencionase una posible influencia de Gerardo Diego a la hora de realizar Perito en lunas. De cada obra y etapa poética va a revisar las influencias, dedicatorias, temática, estructura y forma, técnica metafórica, cromatismo, paralelismos, y correlaciones. Después los puntos analizados, serán: "Primeros poemas sueltos" (tras Perito en lunas), El silbo vulnerado (1934), El rayo que no cesa (1936), Poemas sueltos (1935-36), Viento del pueblo (1937), El hombre acecha (1939), Cancionero y romancero de ausencias (1938- 41) y "Poemas últimos".

Al hablar del "Teatro" hernandiano, Zardoya no entiende, o por lo menos no comparte, la opinión despectiva de la crítica. Para ella, la poesía posee un hondo sentido dramático del que a veces el teatro es un desarrollo. Para ella, su mayor aportación teatral fue el sentido de lo terruñero, aunque hay que hacer constar su falta de conocimientos técnicos más precisos. El auto sacramental, El torero más valiente, Teatro en la guerra y la noticia de Los hijos de la piedra y Pastor de la muerte (teatro inédito estas dos piezas, que no estudia Zardoya pero sí las conoce), completan la visión panorámica del ensayo.

Las fotografías, facsímiles, una bibliografía primaria completa y otra secundaria que recoge los estudios publicados en América, así como poesías dedicadas y un apartado reservado a la iconografía, hacen de la bibliografía la más completa de las publicadas hasta 1960, fecha de edición de las Obras Completas, cuya bibliografía deriva de la presente.

El siguiente homenaje lo dispensó la poetisa con el artículo "El mundo poético de Miguel Hernández", aparecido en Ínsula, (168, nov. 1960 , pp. 1 y 14); versión francesa traducida por R. Marrast en Promesse (Burdeos), número 5 (printemps, 1962); (80-88); en su libro Poesía española del siglo XX, Madrid, Gredos, 1974, tomo IV, pp 37-123; en Poesía española contemporánea (Estudios temáticos y estilísticos), Madrid, Guadarrama, 1961, pp. 643- 715; en Miguel Hernández, Ed. de Mª de Gracia Ifach, Madrid, Taurus, 1975, pp. 109-117; en Miguel Hernández, Ed. de Carmen Alemany, Alicante, CAM, 1992, pp. 61- 70.

El artículo consiste en una serie de comentarios que ya fueron publicados en otros lugares.

Según la estudiosa hernandiana, su obra es "la transfiguración poética de ásperas, fuertes y tremendas realidades".

Cita el famoso cuadernillo con sus balbuceos poéticos, cuaderno que se rescató en su Obra completa de 1992, iniciando después un recorrido por su vida y su obra que se inicia en Perito en lunas, una "victoria sobre sí mismo" en el que dominará el lenguaje, la técnica y un gongorismo más asentado en lo real y cotidiano. La tragedia del autodidacto que aspira a la cultura, el "drama humano" de la elevación a la belleza de todo lo pequeño, eso es Perito en lunas. Explica además cómo en él se advierte una serie de rasgos constantes que luego utilizará, tales como la anáfora y la expresión recortada y concisa que, según Zardoya, anuncia El rayo que no cesa.

Pasa luego a mencionar que se "inicia un proceso de interiorización" con el auto sacramental, en el que se advierten acentos de vitalidad lopesca y suyos.

Cuenta también las tres versiones de El rayo que no cesa, aunque no las explica. Como características especiales, habría que destacar la inspiración y el dominio técnico, que resumen las mismas. Además, relata como elementos caracterizadores de este poemario el amor (que actúa como fuerza destructora y vital a la vez), el dolor, la muerte y el amor por la tierra.

Continúa luego con Viento del pueblo, que a su modo de ver contiene la tragedia de España, que Hernández "siente en carne y espíritu", siendo el libro "una nueva profesión de fe".

Tras él, destaca la obra El labrador de más aire, que no es una mera imitación de Lope de Vega, sino algo más personal de lo que se supone.

Finaliza la referencia a sus obras poéticas con la referencia al Cancionero y romancero de ausencias, que considera como un "diario o confesiones de un alma en soledad". En sus poemas, el dolor ha eliminado la metáfora, y también la retórica, de la que nada se percibe en ellos.

El artículo, estudia los temas, las influencias, la estructura y la forma, las técnicas metafóricas, el cromatismo, el hipérbaton, sinestesias, y otros rasgos estilísticos de cada obra poética. A ese estudio poético pormenorizado, se une el estudio que se hace sobre parte de su obra teatral. El estudio, se hace concretamente sobre el auto sacramental y El labrador de más aire, obviando el resto de obras.

En el número 49-50 de noviembre-diciembre de 1960 de la revista Cuadernos de Ágora, (pp. 13-14) apareció el artículo "Miguel Hernández, niño y adolescente", un análisis desde una visión tópica e idílica de lo que fue el Hernández de los primeros años en el que se hace hincapié en su trabajo de pastor y en la idea de la pobreza de él y de la familia.

El análisis de la Zardoya se centra también en su gusto por la lectura, la referencia al famoso cuadernillo de juventud, la tertulia en la tahona de los Fenoll y su inspiración, el paisaje de Orihuela. Para finalizar, menciona algo que en principio es arriesgado mencionar, que nadie le enseñó nada sobre la rima y la métrica, fue en todo ello autodidacto.

El cuarto homenaje es el artículo "La técnica metafórica en la poesía española contemporánea", aparecido en Cuadernos Americanos, (vol. CXVI, tomo 3, 1961, (pp. 258-281), siendo las páginas dedicadas a Miguel Hernández las 279-281.

El artículo no es más que una síntesis de su libro Poesía española contemporánea (Estudios temáticos y estilísticos) publicado en Madrid por Guadarrama en 1961, siendo las páginas que nos interesan las comprendidas entre la 643 y la 715.

Recoge en estas páginas la veterana hernandista que la obra de Hernández es "transfiguración de su vida, un anhelante deseo de embellecer la realidad (Perito en lunas), (...) imágenes personalísimas (El rayo que no cesa), (...) visionarias (Viento del pueblo) o sin ellas, desnuda poesía intimista (Cancionero y romancero de ausencias) y dolorida".

El siguiente escenario para rendir ese homenaje perpetuo a lo largo de prácticamente toda su vida, fue el artículo "Imagen de la sangre en la poesía de MH", aparecido en el número 139 (octubre 1974) de la Revista de Occidente,  (pp. 115-134).

En dicho artículo, se habla del "signo trágico" que marcó a Miguel Hernández, y cómo, según la estudiosa hernandiana, la sangre es la expresión simbólica de ese destino. El tema presenta matices metafóricos y significaciones plurales que Zardoya se encarga de revisar en un desarrollo de tipo poético-fenomenológico, desde los poemas primerizos hasta los últimos.

Destaca que existen dos clímax en su trayectoria poética. El primero lo constituyen dos poemas: "Mi sangre es un camino" y "Sino sangriento", y el segundo lo constituye el poemario Viento del pueblo. Habría además que mencionar que en sus últimas composiciones el tema apenas aparece, existiendo una especie de "decoloración".

En cuanto a las conclusiones que Zardoya extrae sobre el tema, éstas son dos: la sangre se integra en la triple temática de Miguel Hernández: vida, amor-dolor y muerte, interrelacionando sus componentes, y que la sangre visualiza el destino hernandiano.

Dos años después (1976), y poco antes de regresar definitivamente a España Concha Zardoya publica otro artículo: "El Poeta político. En torno a España", en Cuadernos Americanos, (vol. CCVI, tomo 3, (mayo-junio, 1976), 212- 227).

Este artículo es prácticamente un resumen de sus anteriores estudios sobre el poeta oriolano en el que se desliza alguna imprecisión biográfica por la falta de datos fiables.

Ofrece aquí una imagen pintoresca de la infancia de Miguel. Ésta la describe mencionando la presencia de la naturaleza y los animales. Hace también mención de las posibles ideas fascistas de Sijé al recoger las siguientes líneas: "Y aún hay informantes que han osado afirmar que también Miguel Hernández, contagiado por su amigo (Sijé), no sólo las toleraba sino que las suscribía".

En cuanto a su carrera como dramaturgo, le caracteriza de "juglar moderno" que imita la técnica representativa de los "romances de ciego".

Vuelve a equivocarse cuando menciona que Miguel Hernández se enrola en las Misiones Pedagógicas en 1936, ya que lo hizo en la primavera de 1935. El Patronato de las Misiones languideció cuando el Gobierno de la CEDA y con los precedentes del llamado "bienio negro" optaron por "ahogarlo económicamente". La muestra, las escasas misiones que pudieron ponerse en marcha a principios de 1936.

Además, defiende Zardoya, que tampoco hubo una "incorporación inmediata" a las Milicias Populares, sino que lo hace a finales de septiembre de 1936. Asimismo, no fue en el Ateneo valenciano sino en el de Alicante (agosto de 1937, donde conoció a Vicente Ramos), y donde afirmó: "Mi sangre no ha caído todavía en las trincheras, pero cae a diario hacia dentro, se está derramando desde hace más de un año hacia donde nadie la ve ni la escucha".

De Viento del pueblo Zardoya defiende que en él, Miguel Hernández "se encuentra a sí mismo. Olvida resonancias clásicas y escribe una poesía directa".

El texto recoge aún una inexactitud más, la creencia de que, desde Francia y gracias a Neruda y las gestiones que realizó, se conmutó la condena a muerte al poeta oriolano.

Cuatro años después, en 1980, aprovecha la reseña al libro Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández, publicada por Ediciones de la Torre, para continuar con su homenaje. Esta reseña se publicaría en el número 407 de Ínsula, de octubre de 1980, (pp. 4-5).

En ella explica que lo que interesa es la "intrahistoria" del poeta y los matices inéditos de un amor trágico. Reconoce de ese libro que no es una obra de altos vuelos, aunque sin embargo le reconoce un estilo humilde y escueto. Menciona cómo la viuda habla de los familiares del poeta, gente de pueblo y poco rigurosos en lo cronológico, aunque resulta muy observadora para los detalles. Zardoya destaca la voluntad exhibida por la viuda de deshacer errores, no falsedades, y su mención a una expoliación de documentos, tema sobre el que se muestra prudente. Finaliza advirtiendo levantinismos en el léxico que utiliza la viuda.

Dos años después (1982), Miguel Hernández fue objeto de otro artículo para homenajear la figura y la obra del poeta. El título era "Miguel Hernández", que apareció en la revista Et Cetera. Homenaje a Miguel Hernández (Revista de la Facultat de Lletres de Tarragona), (Número Extra, Març, 1982, pp. 15- 17).

Detalla aquí cómo Miguel Hernández debe ser entendido como un ejemplo de autosuperación para los jóvenes, sobre todo por la búsqueda de la forma propia. En el artículo, Zardoya se centra en los aspectos principales para interesar a los jóvenes en Miguel Hernández (valentía, ética y gloria).

El siguiente trabajo realizado por Concha para homenajear a su amigo Miguel, fue el artículo "La edición facsímil del Cuaderno del Cancionero y romancero de ausencias", aparecido en La sombra vencida. Miguel Hernández. Encuentro con el poeta. (Orihuela, Empireuma-Círculo Uno, (marzo, 1987: pp.9-10).

Explica en él la relevancia sentimental y literaria que tiene la edición facsímil y el significado que la misma tiene dentro de la biografía de su autor de una manera breve.

Continúa afirmando que parece casi una "profanación "analizar esta obra por su tono íntimo, habiéndose publicado en otros trabajos con anterioridad algunos de sus apuntes.

En 1988 se publica en Alianza Editorial, en Madrid el volumen Cartas a Josefina, con Introducción de Josefina Manresa, edición que aparece publicada sin ningún comentario de las cartas. Además y por propia decisión de Josefina Manresa, aparece un año después de fallecer y dos años después de publicarse el anterior epistolario, dificultando así bastante la comprensión en toda su complejidad y amplitud toda la correspondencia hernandiana.

En la introducción que hace Zardoya (pp.9- 28), lo biográfico se adecúa muy bien a las cartas dirigidas a Josefina, delimitándose además excelentemente su evolución personal. Podemos así tener acceso al inicio de la relación Manresa-Hernández, pudiendo ver como el crecimiento de ese amor, calificado de "amor único". En el libro, se vierte también algún que otro juicio que no parece ponderado, como el que afirma que "el hambre, patéticamente, acendra el amor y el autosacrificio de esta pareja única".

Tampoco se explican en estas páginas las presiones que a modo de chantaje realiza Almarcha sobre la pareja para que contrayesen matrimonio por la Iglesia ni tampoco se expresa sobre temas como la guerra, los hijos, la cárcel, etc., importantes en el recorrido vital de este hombre que, además, era poeta.

Cuatro años después, aparece en la revista Batarro, edición de José Antonio Sáez Fernández, (Albox (Almería), nº 8,9,10, enero-diciembre 1992, pp. 141-147), un nuevo artículo sobre la poesía de Miguel Hernández. El título escogido para el artículo, es "Valores cromáticos de la poesía hernandiana".

Finalmente, el mismo año, aparecerá en el nº 544 de la revista Ínsula, correspondiente al mes de abril, (pp. 19-20) otro novedoso artículo, titulado "Psiquismo ascensional en la poesía de Miguel Hernández".

Continuando con el comentario de la obra de Concha Zardoya que homenajea al poeta oriolano, hay que destacar también lo aparecido en prensa, que también es abundante, aunque en estas páginas recojamos tan sólo cinco artículos por lo destacado de su contenido, con diferentes estudios, afirmaciones, opiniones y juicios sobre la figura y la obra del poeta oriolano.

El primero, va dedicado a los niños, y se tituló "Miguel Hernández y los niños", apareciendo en el diario Abc el 1 de abril de 1979 en sus páginas 10-13.

A éste, le seguiría el titulado "Miguel Hernández y la luna", aparecido en Arriba Cultural también en abril de 1979, el día 19, en la página 19.

Tres años más tarde, publica en el diario ABC del 28 de marzo de 1982 en su página 30 el artículo "Miguel Hernández y la alegría".

Un año después, apareció en el desaparecido diario de ámbito comarcal oriolano Canfali Vega Baja de 23 de marzo de 1983 en su página 15 el artículo "Miguel Hernández, poeta - dramaturgo".

Finalmente, y ya en 1985 apareció el 7 de julio de 1985 en la página 44 del Suplemento "El Dominical" del diario Las Provincias, recordando a Miguel y a su hijo el artículo "En la casa común (Elegía a MH y a su hijo Manuel Miguel)". Ese artículo, aparecería en octubre del año 1986 en el Número Especial Miguel Hernández. Empireuma, publicado en Orihuela, separata dedicada a El Gallo Crisis y a MH.

No podemos dejar de mencionar, ya para terminar, que el profundo respeto que la figura de Miguel tuvo para Concha Zardoya no le amilanó para participar además en cualquier acto que reivindicase su memoria. Como ejemplo, tenemos las páginas leídas en marzo de 1982, en un acto de la Asociación de Amigos de Miguel Hernández en Madrid para presentar el número 0 del Boletín Vientos del Pueblo de dicha asociación, aunque también hay que recordar que participó activamente en el I Congreso Internacional dedicado a Miguel Hernández en 1992 y, por motivos de salud, no pudo acudir, como era su deseo, al II Congreso Internacional Hernandiano de 2003.