Buy Software Online - Best Price

 

Premios Literarios Miguel Hernández 2021 Exposición Bibliográfica Miguel Hernández Genealogía de Ramón Sijé

Coetáneos de Miguel Hernández

Marinello Vidaurreta, Juan

 



'Un hombre nacido de lo más hondo de la masa dando vida y cuerpo -dar el cuerpo es dar la vida- al latido más ancho, erguido y terco de su gente'. Son palabras del escritor cubano de origen español Juan Marinello Vidaurreta en referencia a Miguel Hernández. Fueron pronunciadas el 20 de enero de 1943 en el transcurso del homenaje al poeta de Orihuela que tuvo lugar en el Salón de Recepciones de La Habana (Cuba) en un acto organizado por el Frente Nacional Antifascista y el Comité de Homenaje a Miguel Hernández. Fue un sentido trabajo, escrito apenas diez meses después del fallecimiento del poeta bajo el título 'Miguel Hernández, labrador de más aire', recogido en un folleto titulado Homenaje a Miguel Hernández (La Habana, 20-I-1943, pp. 33-40).

Dijo entonces el cubano: 'la barbarie nazi-fascista apagó para siempre -o encendió para siempre, mejor-, tres grandes voces líricas de España: la de Federico García Lorca, la de Antonio Machado y la de Miguel Hernández (...) las tres voces magnas murieron de una sola cosa: de la furia cavernaria que quiere someter a los hombres a esclavitud. Y murieron por una misma cosa: por ser (...) testimonios líricos, es decir, válidos y eternos, del querer de un pueblo'.

Nació Juan Marinello en Jicotea (Cuba) el 2 de noviembre de 1898. Cursó sus estudios de enseñanza primaria en la ciudad de Santa Clara entre 1907 y 1910. Sin embargo, durante los dos años siguientes, vino a estudiar a España, concretamente a la ciudad catalana de Vilafranca del Penedés (Barcelona), de donde procedía su padre. Marinello volvió después a Cuba, acabando el bachillerato en 1916 en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara. A continuación, ingresó en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, donde obtuvo los títulos de Doctor en Derecho Civil (1920) y Doctor en Derecho Público. Después, mediante una beca, entró en la Universidad Central de Madrid (1921-1922), actual Complutense.

Dos vocaciones destacaron en Marinello: la literatura y la política, haciéndolo, como apunta el filólogo Aitor L. Larrabide, 'desde una postura profundamente cubana, pero, ésto es importante recalcarlo, no antiespañola; al contrario, asumió sus raíces culturales españolas'.

En el año 1923, tras regresar a Cuba, tomó parte en la 'Protesta de los Trece' contra Alfredo Zayas y Alfonso, entonces presidente de la República. Desde aquel momento, tuvo una gran actividad política y literaria, editando la revista Venezuela Libre y siendo cofundador de la Institución Hispano Cubana de Cultura (1926), asociación decisiva para la difusión del arte y pensamiento españoles en América Latina. En 1927 creó la Revista de Avance, en la que colaboraron destacados miembros de la llamada "Generación del 27", y en 1931 fue director de la revista Política. En 1932 estuvo preso en Isla de Pinos -el mayor islote que rodea a Cuba- y al año siguiente le impusieron un exilio en México, de cuya Universidad Autónoma fue profesor. En 1934 fundó la revista de la Liga Antiimperialista de Cuba, presidió el I Congreso contra la Guerra, la Intervención y el Fascismo y fue profesor titular y miembro de la Junta de Gobierno de la Escuela Normal para Maestros de La Habana.

En 1935, participó en la creación de Masas, órgano de la Liga Antiimperialista de Cuba, y sufrió prisión junto con otros miembros dirigentes de esta revista, siendo separado de su cátedra de la Universidad de La Habana. En aquella época, fue también director del diario proletario La Palabra, fundado por el Partido Comunista de Cuba. De 1936 a 1937 estuvo nuevamente exiliado, residiendo en México, donde desempeñó diferentes cátedras universitarias. Fue coeditor de la revista Mediodía y participó en el I Congreso de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios de México.

En 1937 visitó España para asistir, en Madrid y Valencia, al Congreso de Escritores Antifascistas en la Defensa de la Cultura, junto a otros compatriotas como Alejo Carpentier, Leonardo Fernández, Nicolás Guillén y Félix Pita. 'Allí conoció a nuestro poeta, casi con toda seguridad. Miguel fue uno de los firmantes de la famosa Ponencia Colectiva que salió de dicho Congreso', afirma el hernandista Aitor L. Larrabide. Posteriormente, el cubano participó en otros actos efectuados en Nueva York (1937) y en Cuba (1938) a favor del pueblo español.

Marinello publicó un artículo de prensa en el diario habanero Hoy del 23 de agosto de 1939, en donde, al extenderse el bulo del fusilamiento del poeta oriolano, recordó la voz de éste, tierna y rebelde a la vez, así como representativa del campesinado español. Escribió que Miguel era 'un poeta del dolor español en toda su anchura' y que se convertiría en 'el artista del mañana'.

Tras ser designado presidente del Partido Unión Revolucionaria, en 1940 fue elegido delegado a la Asamblea Constituyente. Más tarde, lo designaron miembro del Consejo Nacional de Educación y Cultura y del Tribunal Permanente de los Concursos de Cuentos 'Alfonso Hernández Catá' (1941-1955). De 1942 a 1945 desempeñó diversos cargos políticos y asistió a las reuniones de los Congresos y del Consejo Mundial de la Paz en México, Varsovia, Berlín, Viena, Budapest, Moscú, Bruselas, Helsinki y Ginebra (1949-1966).

En 1962, Marinello hizo el prólogo a la edición cubana (La Habana, Editora Nacional de Cuba, 1962, pp. 7-19) de la biografía hernandiana de Elvio Romero (Miguel Hernández, destino y poesía), editada inicialmente en Buenos Aires por Losada en 1958. En este prólogo, bajo el título 'Órbita española de Miguel Hernández', el escritor cubano apuntaba que nadie como Hernández encarnó la 'españolidad sustancial' que le caracterizaba y añadía que 'quien oyó su voz velada y bronca (...) no puede leer sus versos sino en aquella modulación altiva en que tantas heridas destilaban el zumo amargo'. Se refería a la grabación que el novelista, ensayista y musicólogo cubano Alejo Carpentier le hizo a Miguel en París cuando iba de camino a la URSS. En este mismo prólogo, donde aparece una fotografía hasta entonces inédita de Miguel Hernández en un salón de lectura durante la guerra, Marinello hizo una sagaz descripción física del poeta oriolano: 'la cabeza rapada, las orejas como asustadas de su atrevida presencia, los ojos abultados y violentos, la boca sesgada y mordaz de la gente de su campiña, la misma nariz agraria (...) el andar descosido y largo de las esparteñas le completaban la estampa rural. Fue siempre el pastor de Orihuela, hecho de soles, esperas, asombros y sorpresas'.

Marinello añadía que la dura guerra civil fue para Miguel 'una vía de liberación total. En la guerra arderán todas sus amarguras y todas sus ansias'. Los últimos días del poeta oriolano 'son un túnel de angustia y escarnio. No es sólo la cárcel, es el ambiente y el entorno, es la vieja estructura de hierro y piedra cerrada contra su mejor denunciador (...) En el largo encierro se levanta la esperanza. Sueña con el amor y la libertad. Escribe poemas dolorosos y tiernos. Mantiene la fe en el pueblo y en el mañana. Lo abaten, al fin, la enfermedad y la barbarie'.

El escritor cubano volvió a sufrir prisión en varias ocasiones durante los años cincuenta por sus actividades políticas contra la dictadura de Fulgencio Batista y Zaldívar. En la década siguiente, concretamente en 1963, creó la Facultad Preparatoria Obrera y Campesina 'Julio Antonio Mella', de la Universidad de La Habana. Ese mismo año recibe la investidura de Doctor "Honoris Causa" en Ciencias Filológicas en la Universidad Carolina de Praga (Checoslovaquia). Es nombrado embajador y delegado permanente de Cuba ante la UNESCO (1963).  

En 1964, su antiguo trabajo titulado 'Miguel Hernández, labrador de más aire' fue recogido en su libro de memorias literarias Contemporáneos. Noticia y memoria (Universidad Central de Las Villas, Editora del Consejo Nacional de Universidades, pp. 25-31) y también utilizado como epílogo en la edición cubana del Teatro, de Hernández (La Habana, Arte y Literatura, 1976, pp. 397-403). En Contemporáneos ..., Marinello resalta en Miguel Hernández 'la elocuencia lírica del verdadero pueblo español' y afirma que dicha elocuencia lírica era el producto de la 'capacidad para ofrecer lo permanente y primordial de una comunidad a través de la ráfaga eternizadora del lirismo'.

El escritor cubano describe al poeta español en términos briosos: 'hasta en el movimiento físico trasfundía su condición de partícula positiva y andante de su pueblo. Trajinado y presuroso, iba con la guerra disparando balas y versos en una alegría profunda y activa. Jamás he encontrado en hombre un más ufano sentido del deber colectivo. Y sólo en nuestro José Martí se toca un tal goce del sacrificio'. A continuación, Marinello recuerda los agitados pero ilusionantes días en que conoció a Hernández y critica 'el gesto alarmado de algún señorito de la Literatura que estaba del lado de acá sólo porque la crecida del río lo había lanzado sobre la orilla izquierda'. Esos señoritos se alarmaron porque Miguel Hernández 'tenía demasiada tierra en los pies (...) cuando el milagroso muchacho, entrabado en los ajetreos urgentes de la guerra, daba un verso generoso pero no excelente, el señoritismo literario se erguía implacable: tenía que ser'.

Para este escritor la obra hernandiana ejemplifica como la de nadie 'la sustancia de inmortalidad de la literatura de España (...) Porque lo clásico allí lo ha hecho el pueblo (...) El triunfo de Miguel Hernández fue rápido y será ascendente porque fue un clásico en el mejor significado del vocablo'. Además, suponía que en América se tendría al poeta oriolano como 'hombre de futuro', porque 'su canto es como una síntesis precoz del trabajo futuro del artista (...) Mañana, cuando toda la calle sea escuela y todo campo hermandad trabajadora, Miguel Hernández será norma y ley de artistas. Entonces, todos los poetas serán como él, palabra singular y penetrante, alumbramiento sorprendente del camino de todos, pero también cuenca húmeda, maternal y germinadora, en que todos pongan el oído fatigado para tomar vida y muerte, como en un regazo leal y amado'.

El 2 de octubre de 1965 Marinello fue designado miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Al año siguiente recibió la Medalla de Oro 'Joliot Curie' del Consejo Mundial de la Paz por sus diez años de trabajo a favor de la misma y poco después asumió la presidencia de este organismo.

En 1974, fue designado presidente del Centro Cubano de la Asociación Internacional de Críticos Literarios y se le concedió el título de Profesor Emérito de la Universidad de la Habana. También pasó a ser miembro del Consejo Ejecutivo de la UNESCO en París. Falleció en La Habana el 27 de marzo de 1977.

Como escritor, dedicó muchos años de trabajo a la figura de José Martí, el escritor y apóstol de la independencia de Cuba, que, tras morir en la batalla, se convirtió en el mártir de las aspiraciones cubanas a la independencia. Entre las obras de Marinello destacan Poesías de José Martí (1928), Españolidad Literaria de José Martí (1942), Crítica literaria (1960), José Martí (1972) y Poesía mayor (1973). Sus trabajos sobre este poeta han aparecido también en diferentes publicaciones periódicas. Asimismo, colaboró en prestigiosas revistas cubanas como Carteles, Orto, Mediodía y Casa de Las Américas. Entre las extranjeras, El Nacional y El Gallo Ilustrado (México), Sur (Argentina), La Nueva Democracia (EE.UU.) y el semanario Novedades de Moscú (URSS). Tiene además trabajos en colaboración o publicados con los de otros autores, como Recordación de Hernández Catá (1941) y Carta a los intelectuales y artistas (1957). Su obra ha sido traducida a varios idiomas, entre ellos al ruso, italiano y francés.

Afirmó Marinello en La Habana en 1943, en el referido homenaje al poeta de Orihuela, que Miguel poseía 'relieves de la más trascendente singularidad (...) era una gran fuerza que no sólo andaba con su pueblo, sino con lo más profundo de la voluntad de su pueblo. Fue un poeta militante, hombre de bandera y de fe (...) Era un aliento por realizarse (...) Miguel Hernández fue hombre de mi amistad y de mi partido', y añadía que 'en lo producido por él apuntaba una poesía de inmedible y seguro porvenir que, como cosa de pueblo, no podrá frustrarse y alentará mañana y crecerá en los cantores de su estirpe'.