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Coetáneos de Miguel Hernández

Manresa Marhuenda, Josefina

 

En la vida y en la obra de Miguel Hernández hay una persona definitiva, a la que siempre regresa y le inspira sus poemas más hermosos. Esa mujer es Josefina Manresa, su novia de toda la vida, su musa.

Josefina Manresa Marhuenda, nacida en Quesada (Jaén) el 2 de enero de 1916, llega a Orihuela en 1927, adonde es destinado su padre, natural de Cox (Alicante) y guardia civil de profesión. Josefina es la mayor de una familia compuesta por cinco hermanos.

A los 11 años empieza a ir al colegio en Orihuela, abandonándolo un año después. Desde los trece hasta los quince años trabajará en una fábrica de seda para pasar, posteriormente, a diferentes talleres de costura, oficio que desempeñaría durante toda su vida.

La descripción física de Josefina la hace el propio Miguel en una de sus cartas: “Tus señas particulares son: pelo largo, hecho un puro anillo y negro, negro como un rincón de noche, su piel pálida y graciosa, su boca demuestra una mujer de mucha voluntad y es fina y bien recortada, su nariz copiada de Venus y sus ojos profundos y pensativos y guapos en medio de dos cejas como dos puñaladas de carbón fino”.

En 1933, Orihuela es una sociedad caracterizada por sus relaciones personales. En este contexto, Josefina conoce al poeta Miguel Hernández. Y en unas declaraciones para la revista “Triunfo” declara: “Había visto a Miguel sin saber quién era, dos años antes de pretenderme, cuando aún no había hecho su primer viaje a Madrid”.

Más tarde, en el taller de costura de la calle de San Juan -la calle donde él nació-, compraron un día “Estampa” donde publicaban un artículo dedicado a Miguel. “Recuerdo que se armó un gran revuelo y que las compañeras decían: “Viene el poético de la calle Arriba”. Me explicaron que era pastor y un muchacho muy listo”.

El primer encuentro entre ambos lo narra la propia Josefina en sus “Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández”. En este mismo año formalizan la relación y el noviazgo lo vivirán según las costumbres tradicionales de Orihuela.

Poco después, Miguel marcha a Madrid y tiene que distanciarse de su novia. Josefina recibe constantemente correspondencia de Miguel. Sin embargo, en 1935 esta relación se enfría y se abre un periodo de dudas y silencio entre ambos. La ciudad ha deslumbrado a Miguel y le ha hecho descubrir nuevas amistades relegando, en cierto modo, a su novia y amigos de Orihuela. Esta crisis sirve para que renazca un nuevo amor mucho más intenso.

Como fruto de esa lucha interior entre el amor y desamor surge uno de los libros más representativos de la poesía amorosa española: “El rayo que no cesa” (1936). La dedicatoria nos anuncia ya el contenido amoroso del libro, así como la destinataria de estos poemas: “A ti sola, en cumplimiento de una promesa que habrás olvidado como si fuera tuya”. Josefina recibe una misiva de Miguel en la que le anuncia la publicación del libro: “Me acaban de publicar otro libro. ¿Te acuerdas que te prometí dedicártelo el primero que saliera?”.

El 21 de abril de 1936 la familia deja Orihuela y se traslada a Elda por expreso deseo del padre de Josefina, pensando en el futuro de su familia, por ser éste un pueblo industrial y con posibilidades de encontrar trabajo. Mientras, Josefina acudía a perfeccionar el aprendizaje del bordado a la casa “Singer”. Transcurridos tres meses desde su llegada a Elda, Josefina se traslada a Cox, donde permanecía parte de su familia, por consejo del propio Miguel y por la falta de trabajo para ella y sus hermanos.

Al poco del estallido de la guerra civil, el padre de Josefina es fusilado por un error y la muchacha se sume en una profunda tristeza. Todo esto sumado al comienzo de la guerra hace que la familia Manresa se vea abocada a la miseria. Su única fuente de ingresos había finalizado, solamente trabajaba Josefina, que cosía de día y de noche. Ese verano ninguno de los dos pudo vivir su relación sin interrupciones.

El inicio de la guerra supone una gran transformación en el noviazgo de la pareja. La atracción física y sentimental del inicio se transforma en un anhelo de convivencia para compartir penas y sufrimientos: “Yo necesito tu persona y con tu persona, la vida sencilla de Orihuela... No quiero vivir solo”, le escribirá Miguel.

La situación convulsa en que se encontraba España ha ido retrasando la celebración de tan ansiada boda; Miguel llega a decir a Josefina que la culpa de todo ello la tienen los fascistas, y en una carta fechada en febrero de 1937 le dice: “De esta primavera no puede pasar el día de nuestro casamiento. Ya verás como todos estos sufrimientos que estamos pasando tienen su compensación muy pronto y verás como no se nos acaba ya nunca la felicidad”.

La pareja contrae matrimonio civil el 9 de marzo de 1937 en Orihuela. Son escasas las personas que asisten a esta ceremonia, celebrada ante Francisco Oltra, alcalde de la ciudad. Carlos Fenoll y Jesús Poveda, antiguos amigos de Miguel, actúan como testigos del enlace. El convite consistió en una comida de arroz y costra, que hizo la madre de Miguel, y se celebró en su casa familiar.

El matrimonio marcha de luna de miel a Jaén, donde Miguel estaba destinado en el Altavoz del Frente. Han de regresar inmediatamente a Cox, puesto que la madre de Josefina se encuentra muy enferma y necesita de sus cuidados. Irremediablemente, su madre muere, y Josefina se ve en la obligación de quedarse a cargo de sus hermanos huérfanos.

El contacto con la naturaleza y con su propia familia inspira al poeta, la proximidad a la sierra de Cox y a su pueblo le impulsan a escribir poesía emotiva. Miguel vuelve a Jaén y desde allí escribe a Josefina contándole sus vivencias y recordándole su viaje. La correspondencia de aquella época puede interpretarse como una provocación a Josefina para que ésta afronte las vicisitudes que se le presentaban.

Tras pasar unos días en Cox con los suyos, el poeta recobra fuerzas para seguir su andadura. En septiembre del 37 viaja a Valencia y junto a otros amigos marcha a Moscú, Leningrado y otras ciudades en las que adquiere ideas renovadoras que podemos percibir en su teatro.

El nacimiento de Manuel Ramón, su primer hijo, el 19 de diciembre de 1937, supone una gran ilusión para la pareja. Esta dicha durará muy poco, porque a los pocos meses el niño muere.

El 4 de enero de 1939 nace su segundo hijo, Manuel Miguel. Con este nacimiento comienza una nueva proyección de esperanza para la nueva vida en común. Josefina debe afrontar esta situación sola, de hecho, Miguel conoce a su hijo cuando éste contaba ya con tres meses de edad. La situación en la que el poeta llega al pueblo es bastante crítica, debe guardar reposo debido a una anemia cerebral aguda. La delicada salud de Miguel, unida a la tensión de la guerra hacen que el poeta escriba a su amigo Cossío desde Cox para pedirle ayuda económica.

Con el fin de la guerra, Josefina se queda sola con su hijo. Miguel es encarcelado. El único contacto entre ambos son unas desgarradoras cartas de Hernández.

El 15 de febrero de 1942 comienzan los trámites para su boda religiosa. La ceremonia se celebró el 4 de marzo, veinticuatro días antes del fallecimiento del poeta. En el “Acta de esponsales” aparece la firma temblorosa del poeta en su lecho de enfermo. La ceremonia fue oficiada por el capellán del Reformatorio de Adultos de Alicante, Salvador Pérez Lledó. Como testigos del enlace, firmaron en el acta matrimonial Fausto Tornero Castillo y Teodomiro López Mena, unos compañeros de la cárcel.

Josefina, movida por su antigua formación religiosa, decide confesarse el día antes de la boda canónica. Acude para ello a la iglesia de San Nicolás y, según ella misma relata, “ya arrodillada en el confesionario, no me decidí a confesarme porque, en la situación en que nos encontrábamos, de tanta injusticia y sufrimientos, lo consideraba más bien pecar. El padre Vendrell, que era el confesor, al rato de estar esperando el “padre me acuso”, me insistió y yo le dije: “Lo único que puedo decirle es que mi marido se me está muriendo en la cárcel y yo estoy sufriendo mucho”. Él me contestó, con tono jesuita: “Hija, la Iglesia no tiene la culpa de eso, la culpa la tienen los hombres”. Yo me marché sin contestarle”.

Josefina, a la muerte de su marido, continúa en Cox junto a su hijo, al que tendrá que sacar adelante ella sola.

En 1950 se traslada a Elche con su hijo de once años. Recién llegada, sufre un primer ataque de glaucoma que le obliga a pasar por el quirófano en 1962. En esos años trabajó duramente, llevándose de Cox a Elche todo el trabajo de costura pendiente y confeccionando también todo lo que las vecinas y amigas de sus hermanas le encargaban.

Amigos de Miguel de Madrid proporcionaron dinero a la viuda, e incluso más tarde un trabajo para su hijo en la capital. Carmen Conde fue una de las personas que más influyó en Josefina para que recogiera en un libro todos los recuerdos sobre Miguel; a la escritora la conoció con motivo de una visita de ésta a Elche para dar una conferencia.

Vicente Aleixandre también jugó un papel fundamental a la hora de reunir y, sobre todo, publicar todo el material del poeta oriolano. Hizo borradores para varias editoriales (Losada, Espasa Calpe...), pero fue finalmente la editorial Aguilar la que publicó en 1952 la “Obra Escogida”, con bastante material inédito. Todo ese original se lo envió Josefina a Vicente Aleixandre, y entre él, Leopoldo de Luis, José Luis Cano y dos mecanógrafas, que sacaron las copias, se lo entregaron a la editorial Aguilar.

La propia Josefina Manresa escribió y publicó en 1976 la enfermedad y muerte de su marido en la revista “Posible”: “Así murió mi marido”.

Bajo el título de “Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández” (Ediciones de la Torre, 1980) Josefina recoge parte de su vida y la relación que mantuvo con Miguel, con fragmentos de cartas y fotografías inéditas hasta esa fecha.

Josefina murió el 19 de febrero de 1987 en Elche.