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Premios Literarios Miguel Hernández 2021 Exposición Bibliográfica Miguel Hernández Genealogía de Ramón Sijé

Coetáneos de Miguel Hernández

Juan Chabás Martí



Juan Chabás Martí abrió los ojos a la luz de la luminosa Denia el 10 de septiembre de 1900. Es hijo del abogado Juan Chabás Bordehore y de Josefa Martí Mifsud, permaneciendo la familia en Denia hasta el año 1910, año en el cual se traslada a Madrid.

La Alianza Francesa recibe en sus aulas a Juan Chabás dos años después (1912). En éstas, cursará los estudios de bachillerato, finalizándolos en 1916. Ese mismo año se matricula en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central y un año después en la de Derecho. Entre sus profesores figuran intelectuales de renombre como Emilia Pardo Bazán, José Ortega y Gasset o Ramón Menéndez Pidal y políticos como el socialista Julián Besteiro. También data de esta época su amistad con personajes tan importantes como Xavier Zubiri, Ernesto Giménez Caballero, Gerardo Diego o Dámaso Alonso.

Las primeras tentativas literarias de Juan Chabás se sitúan en torno a los años 1919 y 1922. La primera es en la revista Cervantes, pasando después, y ya con poesía, a España e Indice. Hay que destacar que Chabás no desprecia tampoco publicar en revistas de vanguardia como Vltra, Tableros u Horizonte.

En 1921 aparece su primer libro de poesía, Espejos, continuando también con la publicación de sus poemas en La Verdad, Verso y Prosa, Alfar y Mediodía, entre otras revistas, poemas en los que es rastreable el influjo de Juan Ramón Jiménez en este arranque de los años veinte, un influjo centrado casi en Platero y yo. El título de Espejos, resulta muy expresivo, pues recoge la moda de colocar grandes espejos en los cafés y en los escaparates, y que es algo que además rememora el arte mágico de la época, el fotográfico y sobre todo el cinematográfico, a los que hay alusiones constantes en los poemas, como el texto de Adolfo Salazar que él incluye, "Kodak en Andalucía".

Una vez que concluya sus estudios en la universidad participará en las actividades del Centro de Estudios Históricos, del que fue colaborador. Poco después, en 1924, la Junta de Ampliación de Estudios le concede una beca para su estancia en Italia enseñando literatura española. Se radica en Génova, en cuya universidad impartirá docencia y gestará su popular manual de literatura -publicado finalmente en Barcelona en 1933 y con varias reediciones en Cuba-.  Desde Génova mandará al diario La Libertad de Madrid y a Revista de Occidente una serie de crónicas sobre política, cultura y literatura fascistas que a la larga motivarán su expulsión (1926).

Durante esos años en Italia, su pluma no permanecerá ociosa, y publica poco antes de marchar a Génova la novela Sin velas, desvelada (1923). Y poco después de regresar, su segunda novela, Puerto de Sombra (1926), al que se unen Tornaluz de Sevilla (1927), Italia fascista (1929), y un año después, su tercera y última novela, Agor sin fin (1930) y el conjunto de narraciones Peregrino sentado. También mantiene desde Italia correspondencia con Gabriel Miró, que le influye en algunos aspectos de los anteriores textos, conociendo a Gorki y a Farinelli, con el cual entabla relación.

Otra faceta algo menos conocida de Chabás es la de crítico literario, faceta bajo la cual publica un primer volumen de ensayos, Vuelo y estilo, y ello sin descuidar sus colaboraciones en otros periódicos y revistas aparte de los ya mencionados: El Sol, La Gaceta Literaria, Litoral y, dentro del ultraísmo, Grecia y Parábola, a lo que habría que sumar sus traducciones de obras como Cyrano de Bergerac o Tercetos, de Luigi Pirandello, y de autores como Nerval.

Regresado a Madrid, se integra perfectamente entre la intelectualidad del momento, pues frecuenta con asiduidad la Residencia de Estudiantes,  donde conoce a Luis Buñuel, García Lorca o Moreno Villa y asiste a diferentes tertulias literarias: Pombo, Café de Oriente. También cuenta ya entre sus amigos a Pedro Salinas, Max Aub, Rafael Alberti, a Moreno Villa, que dibuja con Bores su cara para La Gaceta Literaria.

Esa integración en la intelectualidad se llevó a cabo plenamente con el homenaje a Góngora celebrado en el Ateneo de Sevilla en 1927, protagonizado por Bergamín, Gerardo Diego, García Lorca, Alberti, Guillén, Dámaso Alonso y Juan Chabás.

En 1930 nos lo encontraremos durante unos 10 meses (hasta octubre) en Barcelona, participando de manera diaria en la página cultural del Diario de Barcelona. Vuelto a Madrid, en 1931 colaborará con el Heraldo de Madrid, alcanzando también el reconocimiento de los compañeros por la críticas teatrales que le publica el diario Luz, de Madrid. Su inclinación literaria se decanta entonces por el ensayo, materializándose en las biografías noveladas Vida de Santa Teresa (1932) y Juan Maragall, poeta y ciudadano (1935), al que se une el volumen Vuelo y estilo (Estudios de literatura contemporánea). Este último libro pretendía ser una serie de seis volúmenes en los que apareciesen estudios de los autores de mayor relevancia del momento. En su primer y único título recogerá cuatro estudios: sobre sus admirados Juan Ramón Jiménez y Gabriel Miró y sobre los hermanos Machado, Manuel y Antonio Machado.

Chabás realizó en 1930, y antes de introducirse más en la política activa como ahora detallaremos, un intento de crear un periódico en su Denia natal: El País Periódico Republicano Regional de La Marina. Poco después, ingresa en el Partido Radical Socialista.

Durante estos años titubeantes de los inicios de la República, se enamoraría de la actriz de la compañía teatral de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza, Carmen Ruiz Moragas, anteriormente casada con el torero Rafael Gaona, del que estaba separada y que tenía en su "currículum" el haber sido amante de Alfonso XIII, con el que tuvo dos hijos, Leandro Alfonso y María Teresa de Borbón Ruiz Moragas. Con ella vivió hasta su fallecimiento en junio de 1936 por un cáncer. De esta relación, se cuentan algunas anécdotas, como aquella que contaba que antes del inicio de la guerra, Alberti se encontró a Chabás por la Gran Vía, llevando de la mano a los hijos de la actriz. Hablaron un rato luego y cuando se despidieron, Alberti le dijo: "Juan, ¡si parecen dos pesetas!".

Con el estallido de la guerra civil, abandona su actividad literaria para ponerse al servicio de la República, incorporándose así al batallón "Casaus" de las milicias cívicas de Izquierda Republicana, siendo nombrado poco después capitán de infantería. Muy dedicado a sus tareas militares, es herido de gravedad en el rostro, desgracia que no hace sino aumentar y reafirmar su compromiso con la defensa de la República. En ese orden de defensa de los ideales en los que cree, suscribe el manifiesto fundacional de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, participando en 1937 en el II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, celebrado en Valencia y Madrid. También le encontraremos en otros actos de afirmación republicana y también defendiéndola con su pluma. Es el caso de El Mono Azul, la famosa revista de la guerra civil, para la cual escribe y en la que apareció un fragmento de su novela inédita e inconclusa Granadas de mano.

Antes de la finalización de las hostilidades, contrae matrimonio con la francesa Simone Téry, también escritora como él y que se encontraba en España como corresponsal del diario galo L'Humanité. Juntos emprenderán, pocas semanas después el exilio, exilio que les lleva primero a la vecina Francia, conformando la primera etapa de su exilio.

En 1940, con la invasión de Francia por las tropas alemanas y ante el peligro de ser capturado y entregado a las autoridades españolas, el matrimonio decide embarcar para dirigirse a la República Dominicana, acompañándoles en esta singladura los padres de Chabás.

Tras llegar a la República Dominicana, donde permanecerán poco tiempo, se trasladan a Cuba, y más concretamente a La Habana. Durante esos primeros años son muy precarias las condiciones de vida, algo que sumado a las desavenencias de tipo familiar, hace que Simone le abandone y vuelva a París.

Por el contrario, Chabás, se adapta a la vida en la isla, prodigándose para mantener a la familia económicamente en cuantas publicaciones puede, y eso sin contar los actos culturales en los que participa para apoyar a la República Española y a los exiliados de la misma. Es nombrado entonces redactor jefe de Nosotros y colabora en España Republicana y en revistas como Luxa y Gaceta del Caribe.

En 1943, las flechas de Cupido vuelven a hacer mella en su cansado corazón, y termina casándose con la liederista cubana Lidia de Rivera, aunque es un matrimonio que dura poco al divorciarse ambos.

Inicia entonces una serie de relaciones epistolares con otros autores españoles en el exilio, y a algunos de los cuales ya contaba antes de la guerra en la nómina de sus amigos más íntimos: Max Aub, Francisco Giner de los Ríos, etc.

Desde Venezuela, es requerido en 1947 para ocupar la cátedra de literatura de la Universidad Central de Caracas y un puesto en la Escuela de Periodismo. Poco antes de finalizar ese año, en diciembre, vuelve despertar al amor y se vuelve a casar con la cubana Aida Valls. Escribe artículos y breves ensayos en El Nacional, de Caracas. Se produce entonces un golpe militar, que le obligará a regresar a Cuba a finales de 1948.

Mientras, en Cuba, se había creado la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba, de la que en 1949 es nombrado profesor de Teoría Literaria. Aquí, hizo patria, fundando departamentos de Español, divulgando a Cervantes y a Unamuno y sembrando inquietudes teatrales y poéticas. Por si ello no fuera suficiente, imparte cursos de verano en la Universidad de La Habana, escribe artículos, dicta muchísimas conferencias en La Habana, pero sobre todo finaliza en 1952 el volumen Literatura española contemporánea 1898-1950, magnífica y útil obra, en la que pasa repaso a todo el periodo.

El corazón de Chabás va poco a poco agotándose, minando así su ya quebrantada salud, algo a lo que también contribuye la delicada situación política del momento. Fulgencio Batista instaura un mandato represivo, en el cual Chabás es víctima de una serie de afrentas y delaciones que hacen mella en la universidad cubana.

Lo delicado de la situación hace que se traslade de Santiago de Cuba a La Habana, escondiéndose durante un breve tiempo. El lugar escogido fue el Hotel Ocean, aunque pronto regresa al domicilio conyugal. Allí le sorprenderá la muerte, debida a un infarto, la tarde del 29 de octubre de 1954.

La muerte, le visitó sin poder ver publicados diversos trabajos, entre los que podemos citar un libro de poemas titulado Árbol de ti nacido (1956), un libro de cuentos, Fábula y vida (1955) y diversos artículos, que aparecerán en el diario El Nacional, de México y en distintos diarios cubanos.

La figura de Juan Chabás ha sido reivindicada desde los años setenta. Se ha conseguido en parte, gracias sobre todo a las diversas reediciones de su obra Literatura española contemporánea 1898-1950. Gracias a ella, algunos ya empiezan a denominarle "clásico contemporáneo". Los homenajes también se han prodigado, sobre todo en los últimos cuatro años. El primero, tuvo como eje una maravillosa exposición que mostrase su evolución, una evolución que casi puede quedar reducida a su título: "Juan Chabás: De las vanguardias al exilio". El último, tiene lugar en este año en su Denia natal. Esperemos que estos actos de reconocimiento terminen colocando a Juan Chabás en el lugar que le corresponde, en la nómina del selecto club que constituía la generación del 27.


Relación con Miguel Hernández

Aunque participa en el II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, no ha trascendido nunca que ambos llegasen a conocerse o por lo menos coincidir en alguna de las sesiones que tuvieron lugar en Valencia primero y finalmente en Madrid. Sin embargo, Chabás eligió otro medio para testimoniar al mundo su admiración y respeto por el poeta oriolano, su pluma.

El homenaje de Chabás al poeta, se tributa en dos momentos muy claros. El primero, se produce en 1943, el 20 de enero. Como ferviente comunista que era, Chabás acudió al Pabellón Municipal de La Habana, al homenaje tributado a Miguel Hernández. Con ocasión de ese homenaje, se editó un folleto, en el cual Chabás colaboró con el artículo "No quedará en la muerte", (pp. 30-32). En este artículo, primero se describe la escena de una mujer que es salvajemente ejecutada y en el que Miguel Hernández escucha el relato, describiéndole físicamente a continuación Chabás, que cierra el texto con el firme deseo de que Miguel continúe vivo en la lucha antifranquista.

El segundo homenaje se produce en las páginas de su obra más conocida, Literatura española contemporánea 1898-1950, reeditada varias veces, la última en el año 2001, con la edición de Javier Pérez Bazo y la colaboración de Carmen Valcárcel. En el texto que Pérez Bazo rescata, se puede advertir ese respeto y esa admiración en lo literario y en lo humano del oriolano que antes mencionábamos.

Chabás dedica primero las páginas 549-551 a hablar de Miguel, insertándolo en el capítulo XXVII, que titula "Cruce de influencias barrocas y superrealistas", y en el que habla de Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre y Juan José Domenchina, autores que a su vez prepararon estudios sobre el de Orihuela.

Sin embargo, Chabás le dedica mayor atención a Miguel hernández, creando un apartado especial dedicado a él, "La poesía pastoril de Miguel Hernández" (pp. 552-555).

En cuanto al tratamiento de la figura de Miguel Hernández, empieza por describirle de manera algo tópica, afirmando que nace en el seno de una familia campesina, pobre y jornalera (p. 549). Continúa diciendo Chabás que el virtuosismo técnico de los poetas que hemos mencionado hizo que Miguel admirase los artificios del barroco, especialmente de los autores del Siglo de Oro, algo a lo que Chabás destaca, contribuirían sus amistades de Orihuela y el peso de la tradición cultural de Orihuela. Lo que le diferenciará con Cernuda, Prados y los otros será "la energía del sentimiento".

Continúa hablando de sus publicaciones, cometiendo la equivocación de mencionar, después de decir que publica sus poesías en un diario local de Orihuela, que colaboró con la revista murciana (sic) El Gallo Crisis (p. 550) y que Sino sangriento, fue editado en 1936 por Altolaguirre como volumen. Continúa con los errores, cuando tras alabar la valentía como hombre y su voz como poeta al sobrevenir la guerra, explica que Miguel Hernández quedó cautivo en un campo de concentración de Alicante, en el cual algunos compañeros de oficio le reconocieron, quedando así condenado a muerte (p.551). Una alta autoridad eclesiástica, sigue narrando, lograría su liberación para posteriormente ser condenado a cadena perpetua.

Tras esta serie de desatinos, Chabás vuelve a hablar de la poesía hernandiana, de la que dice "está a la altura de la más alta poesía civil y épica de toda lengua" (p.551).

Es precisamente la poesía que algunos denominan combativa la que despierta en Chabás unos elogios y unos juicios poco profesionales, pero sí muy entusiastas y emotivos, elogiando entre otras cosas la riqueza sonora de sus versos y el poder creador de metáforas e imágenes, y todo ello rodeado de pasión humana.

En el apartado que antes mencionábamos dedicado a la poesía pastoril hernandiana, Chabás reivindica la vitalidad y verdad de las églogas, destacando la novedad como campo laborable del sentido de la tierra (p. 553), una tierra "estremecida hasta las entrañas por el hombre, plantado en ella como un fruto y un dolor al mismo tiempo".

También recibe la atención de Chabás la elegía que Hernández dedica a su amigo Ramón Sijé, tanto le gusta que vaticina que en el futuro será pieza inevitable de las antologías.

Explica también cómo ha visto en la poesía hernandiana escrita durante la guerra que dedica poemas a motivos muy poco poéticos a primera vista, como podría ser el poema "El sudor", un poema que ya había destacado Juan Gil-Albert y que sin embargo se sublima en algo hermoso por tener en su interior algo veraz, relacionado con las aspiraciones del pueblo.

El estudio de Chabás, quizá demasiado humano para hablar de análisis poético, finaliza haciendo unas consideraciones para tener en cuenta y recoger: "Es seguro que esta voz tan bien timbrada no morirá para la historia de nuestra poesía. Junto a la perenne grandeza de ser clamor entero de un pueblo, tendrá siempre el mérito de su perfección formal, de unir al acento más nuevo el eco de nuestros grandes poetas clásicos, y de haber cantado la tierra, y en  ella, sobre la superficie laborable o en la entraña más honda de raíces y savias, la muerte, el amor y la vida. Poesía con rumor de árbol y de sangre, cortada en flor, pero ya sonora para siempre a pesar de su juventud interrumpida, en la canción perenne de la lírica española. En ella figurará el nombre de Hernández a igual distancia de los de Garcilaso y Herrera y los de Alberti, Lorca o Neruda, siendo de todos diferente y hermano" (p. 555).

Una última cita hace Chabás de Hernández para afirmar que su temprana muerte "le segó la voz, cada vez más hermosa y de mayor plenitud poética" (p. 663).

Chabás y Hernández, comprometidos siempre con la verdad y con su obra, tuvieron un origen casi idéntico, el cielo azul del Levante, al que tanto cantó y describió su admirado (por ambos) Miró. Igualmente, tuvieron ambos que sufrir la derrota de las ideas que defendían, sufriendo una cruel persecución cuyo final no era más que la muerte.

Esperemos que desde ahora, y ya que se ha publicitado un poco más del carácter y las ideas de Juan Chabás, y ha merecido diversos homenajes, abandone su negra leyenda, la que le hizo ser recordado en los círculos literarios durante muchos años como "el Inmombrable", apelativo que quizá de manera casual y cruel llevó sobre sus hombros desde el momento en que se publicó su primer libro de poemas, Espejos, en 1921, ya que poco después quebró la editorial, con lo cual cargaría toda su vida sobre sus hombros con el sambenito de que era gafe, de ahí el apelativo.

También hay que esperar que se olvide el componente más frívolo del autor, la que le une durante los primeros años de la República con Carmen Ruiz de Moragas hasta la muerte de la misma en 1936, y que le lleva a consumar tres matrimonios y dos divorcios en los años que van de 1939 a su muerte, en 1954.

Juan Chabás no debe de quedarse sólo para los amigos de los poetas de las vanguardias, debe seguir divulgándose por todos los valores que contiene su persona y su poesía, tal y como hemos relatado ya, una figura que colaboró mucho en la expansión y el conocimiento de la lengua castellana, creando departamentos de español o fomentando entre otras actividades la lectura y el conocimiento de autores tan valiosos y tan clásicos y alejados de cualquier politización como Cervantes. Esperemos que ese merecido reconocimiento llegue alguna vez por parte del gran público.