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Premios Literarios Miguel Hernández 2021 Exposición Bibliográfica Miguel Hernández Genealogía de Ramón Sijé

Coetáneos de Miguel Hernández

Elvio Romero

 



Nació en Yegros, Estado de Caazapa (Paraguay) el 12 de diciembre de 1926. Hijo del dueño de un tiovivo y tallador de imágenes de santos, Elvio Romero, que se define a sí mismo como "hijo de la intemperie", cambió pronto la escuela por el oficio de carretero, tan acorde a su vocación de "caminante". Sin embargo, la lectura casi clandestina de un cuaderno de su madre con poemas recortados y pegados de Rubén Darío, Gutiérrez Nájera y Amado Nervo, le hizo descubrir la poesía y la necesidad de cultivar la palabra con sensibilidad y conocimiento.

Siendo muy joven se incorporó a la vida literaria de Asunción y compartió tertulias con Roa Bastos, Josefina Plá, Hérib Campos Cervera, Hugo Rodríguez Alcalá, Óscar Ferreiro, José Antonio Bilbao y otros altos exponentes de las letras paraguayas de entonces -todos ellos forman la llamada generación del 40-; Elvio Romero pertenecería, como dice José Vicente Peiró en el excelente prólogo que encabeza la antología, a esta generación de 1940, y que según el prologuista, "era la hija paraguaya del 27 español". muy emparentadas por su estética vanguardista y su compromiso social, como veremos luego.

En 1947, Elvio participa en la revolución de su país, perdida la causa y tras el triunfo del golpe de Estado del general Morinigo, Elvio Romero tuvo que exiliarse a la Argentina. Primeramente vivió en Presidencia Roque Sáenz Peña, en el Chaco argentino, allí vivió hasta 1956. Por su casa pasaron, camino del exilio, figuras como José Asunción Flores, Herminio Giménez, los hermanos Larramendia, y muchos otros. Posteriormente se instaló en Buenos Aires, donde fue apadrinado por Rafael Alberti (quien con el poema "Elvio Romero. Poeta paraguayo" prologó Días roturados, su primer libro), donde conoció y se hizo amigo de los más importantes poetas del momento (Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Raúl González Tuñón...) que lo integraron en los círculos de la poesía latinoamericana, donde su voz poética pronto fue conocida y apreciada. Desde entonces su voz -testimonio poético de las vicisitudes y los padecimientos de su país- se dio a conocer en la América Latina.

Es la voz poética paraguaya más conocida en el mundo hispano hablante. Su obra poética está compuesta por 13 poemarios: Días roturados (1947-48), Resoles áridos (1949-50), Despiertan las fogatas (1952-53), El sol bajo las raíces (1955-56), -estos cuatro, publicados durante su estancia en Buenos Aires-. Posteriormente publica De cara al corazón (1959-61), Esta guitarra dura (1960-61), Libro de la migración (1966), Un relámpago herido (1966-67), Los innombrables (1970), Destierro y atardecer (1975), El viejo fuego (1977), Los valles imaginarios (1984), Flechas en un arco tendido (1993-1994). En 1990 se reunieron en la edición Obras completas (2 volúmenes) y al año siguiente publicó El poeta en la encrucijada, libro por el que se le concedió el Premio Nacional de Literatura- instituido ese año en Paraguay-.

Como prosista publicó una biografía: Miguel Hernández, Destino y poesía (Ed. Losada, 1958) y El poeta y sus circunstancias (Ed. RP, 1991), por el que se le otorgó el Premio Nacional de Literatura, de ese año, y Fabulaciones (Ed. El Lector, 2000).

Elvio Romero era el poeta más destacado de su país. Miembro de la Academia Paraguaya de la Lengua, obtuvo en 1991 el primer Premio Nacional de Literatura de la historia paraguaya y desde hace varios años su nombre sonaba insistentemente para los premios Cervantes y Príncipe de Asturias.

Producido en 1989 el derrocamiento de Alfredo Stroessner, Elvio Romero pudo regresar al país donde tomó contacto con sus amigos y colegas paraguayos. Fue miembro de número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y socio del PEN Club del Paraguay. Ocupó el cargo de agregado en la Embajada de Paraguay en Buenos Aires, desde febrero de 1995 hasta días antes de su fallecimiento.

El poeta paraguayo Elvio Romero falleció la madrugada del 19 de mayo de 2004 en Buenos Aires, a la edad de 78 años, a causa de un paro cardíaco.

Su esposa, Élida, agradeció mediante nota a todos los que difundieron su obra "sabemos lo importante que ha sido para él, en estos últimos meses tan difíciles, la publicación de su obra en España". De aquí fueron algunos de sus amigos más entrañables como Rafael Alberti o León Felipe, y su admirado Miguel Hernández. "Fue el último gran poeta paraguayo", dijo Augusto Roa Bastos, al enterarse de la muerte de su amigo.

El hombre del pan y de la estrella:
"No ha muerto un poeta, porque los poetas no mueren, no ha muerto un luchador porque los luchadores no mueren, nos deja la estrella repartida y puesta sobre la mesa con aroma a pan caliente".

Destacó en el periodismo y la poesía, por su estilo vanguardista y social, por lo que conoció bien la vida y sufrimientos de las gentes del campo paraguayo. Es un excelente versificador y, tal vez, el poeta paraguayo más conocido de las últimas décadas, pues sus obras están traducidas a más de diez lenguas.

Miguel Ángel Asturias dijo de él: "Poesía invadida, llamo yo a esta poesía, poesía invadida por la vida, por el juego, y el fuego de la vida". Y es que su visión del mundo es dramática: conflicto externo entre naturaleza y el ser humano, e interno, entre el bien y el mal. Su poesía, hay quienes la califican de política, pues ciertamente hay compromiso ideológico y partidista, pero no es una poesía social como tal, ya que su compromiso es su manera de fundirse con la tierra y las gentes. Buscando influencias cercanas a sus primeros escritos habría que recurrir a Herib Campos Cervera y a Pablo Neruda.

La poesía de Elvio Romero ha recibido el elogio y el reconocimiento de numerosos lectores, entre ellos tres ganadores del Premio Nobel de Literatura, como Gabriela Mistral, que afirmaba leerlo "como acostada sobre la tierra"; Miguel Ángel Asturias, "Poesía invadida llamo yo a esta poesía, poesía invadida por la vida, por el juego y el fuego de la vida" y Pablo Neruda, "poesía llena de fuerza y follaje". El poeta Hamlet Lima Quintana lo señala como uno de los referentes más importantes de nuestra  poesía latinoamericana. Josefina Pla dice que, al leer la poesía de Elvio Romero, "se va a escuchar la voz de un pueblo reclamando su lugar en el coro de la libertad".

Nicolás Guillén le dedicó un emotivo y cálido poema en el que le llamaba: "Elvio, Romero, mi hermano".

Como prosista publicó, como ha sido comentado ya, una biografía: Miguel Hernández - Destino y poesía (Ed. Losada, 1958), que fue la primera biografía de Miguel editada en Argentina. También dio a la imprenta El poeta y sus circunstancias (Ed. RP, 1991), por el cual se le otorgó el Premio Nacional de Literatura, de ese año, y Fabulaciones (Ed. El Lector, 2000).

Se cuenta que la famosa frase "Adiós camaradas, amigos despedidme del sol y de los trigos" atribuida al poeta Miguel Hernández, antes de morir en la cárcel franquista y que escribiera en la pared, se le atribuye al propio Romero. Aunque en realidad la famosa frase es de Antonio Aparicio.

Según Ricardo Rubio, "Cuando alguna voz se alza por sobre el cuchicheo, cuando se rompe el silencio para exaltar una verdad, es cuando aparecen la manifestación útil y la resistencia ante el abuso y el delito".

Elvio Romero es modelo de esa resistencia y, como tal, uno de los hombres esperanzados. Es un poeta universal de tono americano, desde el cimiento paraguayo que edifican el guaraní y la enorme historia literaria del idioma castellano. Idioma al que alimenta y dignifica, actualizándolo y respetándolo con un celo que reniega de la invasión de voces y estilos que nada tienen que ver con nuestra esencia hispanoamericana.

Sus composiciones desprenden la fuerza vital y el carácter sanguíneo del lenguaje y su sonoridad.  Como expresionista a ultranza, se nutre de algunas fórmulas modernistas y de la pureza del gusto por lo clásico, lo que hace que su mensaje no sólo manifieste la intensidad de una idea enraizada en lo ético, sino también un equilibrio formal, flexible a la gracia de lo espontáneo, claro y creativo en lo estético.

Pese a la juventud que entonces tendría, existen muchas razones por las que debe ser considerado como un poeta de la generación del 40, pues su fuente de expresión es el post-romanticismo. Pero no encontraremos en su obra intimismos que delaten dudas o conflictos psicológicos que intenten declamar un destino adverso, sólo en los temas de amor propiamente dichos aparecen las miradas a la identidad, a la corriente íntima y a las fricciones más individuales.

Si la llamada poesía social es aquella que surge como resultado de la observación de lo justo, entonces Elvio Romero es un poeta social. Ha dicho alguna vez: "Yo casi podría decir que soy un poeta indignado. A mí la injusticia me produce indignación".
Cuando un hombre no puede sustraerse del sufrimiento de otro, no hace más que identificarse en su dolor, respondiendo emocionalmente a la llamada del instinto de un modo saludable y certero. En Elvio Romero no hay una tendencia voluntaria a producir ese u otro efecto. Llega a los poemas que su corazón le dicta, con un vocabulario llano, inspirado, y cuyo caudal pareciera no tener límites a la hora de la palabra  precisa.

Él mismo dice: "He pretendido que mis libros respirasen como los hombres; que contuviesen el aliento de nuestra naturaleza encendida por su vasto espacio verde y por el verano; por eso los poblé de personajes y de árboles que cantan y de gente cuyo oficio era sentarse en mitad de la luz del mediodía o del fulgor de la luna".

Desde un principio se impuso ante las tentaciones del éxito vano y pedante; su notoriedad brota de composiciones sanguíneas, vehementes, en las que advertimos el dolor cierto y la angustia del desarraigo.

Su intuición poética lo lleva de la mano por el camino correcto: evita la palabrería frívola, el mariposeo intelectual, los perfectismos vacíos, y extrae la poesía con verdadera fuerza creadora.

No puede negarse que parte de su obra se apoya en el recuerdo y en los estados dramáticos que le proveyó el destierro. Sus libros van pasando por los distintos asuntos y  van dejando la estela de un fondo melancólico. Media en ellos un sustrato de dolor nunca abatido. Tarde o temprano brota el adjetivo bucólico y evocador, imprevistamente, como aire perentorio que debe respirarse sin más; o se enlaza en la añoranza de sus héroes, o en la de sus mártires, o en imágenes lejanas que rememoran la infancia. Asuntos extendidos también en su narrativa y ensayos. Extraemos del libro De cara al corazón (1955), un fragmento del poema "Quisiéramos":
"De tiempo en tiempo quiero bajar la voz, lavarla... darla así, como un agua sencilla, que te visite al signo de la luna y las flores, atestiguar el iris de tus ojos, cantar bajo su sombra".

Como hemos comentado antes, con respecto a la pertenencia de Elvio Romero a la generación de 1940 hay que hacer unas pequeñas puntualizaciones que, creemos, servirán para situar el contenido de la obra de Elvio Romero.

En la historia reciente de la poesía española tenemos también una generación de 1940; es la que surge inmediatamente después de la guerra civil. Pero entre esa generación de 1940 y la generación del 27 existe en nuestra poesía una generación intermedia, la generación de 1936, que actúa como puente entre la generación del 27 y la generación de 1940, y en la que algunos incluyen a Miguel Hernández, poeta tan admirado por Elvio Romero.

En esta generación de 1936, que Ricardo Gullón denominó "generación escindida" a causa de la dispersión de sus componentes con motivo de la guerra civil, se comienza a abandonar las posiciones esteticistas de los poetas del 27 para situarse en el campo de atracción de una lírica que propendía hacia preocupaciones humanas y planteamientos de carácter religioso que acercaban a los poetas que la componía a las actitudes de autores como Miguel de Unamuno y Antonio Machado.

En la generación de 1940 española la poesía se abre a nuevas experiencias lírica como son el neogarcilasismo, representado por la revista madrileña Garcilaso, el esteticismo lingüístico que practicaban los componentes de la revista cordobesa Cántico, la poesía existencial que se reunía en torno a los poetas de la revista santanderina Proel y, por último, la poesía comprometida de carácter político y social que se publicaba desde la revista leonesa Espadaña.

Desde esas consideraciones, y viendo los temas tratados con más frecuencia e intensidad por Elvio Romero, no dudaríamos en integrarlo en la también generación de 1940, pero en este caso, española. Porque su obra, compuesta de 13 libros, que va desde 1948, fecha de la publicación de su primer libro Días roturados, hasta 1994, Flechas de un arco tendido, recoge todas esas preocupaciones y experiencias que los poetas españoles reflejaron en sus obras, particularmente los que orientaron sus versos hacia lo testimonial, social y político.

Con razón afirma José Vicente Peiró en el prólogo antes citado de la antología Contra la vida quieta:

"Elvio Romero es un poeta de la vida, simbolizada por el fuego en sus composiciones, de la vida posible y plausible, donde reine la justicia, la camaradería y el amor, Elvio reivindica la fantasía, pero no la que se destina a adormilar las conciencias, sino aquella tan necesaria, especialmente en su maltratado Paraguay, que las despierta y las vuelve reivindicativas".

Relación con Miguel Hernández

En cuanto a la relación que une a Elvio Romero con Miguel Hernández, es la propia de una relación de admiración del poeta paraguayo hacia nuestro poeta-pastor de Orihuela.

Qué duda cabe que la diferencia de edad entre ambos es patente: Miguel Hernández nació en 1910 y Elvio Romero en 1926, ello hace que ambos pertenezcan a dos generaciones diferentes. Uno es español; el otro paraguayo, pero los dos viven y sufren la experiencia de una guerra civil en sus respectivos países.

Cuando Miguel Hernández fallece, Elvio Romero contaba con tan sólo 16 años, comienza a hacerse un hueco en el mundo literario y político del Partido Comunista, con los estudios secundarios sin finalizar, se convierte en un escritor autodidacta; al igual que Miguel Hernández, que tras sus dos únicos años de estudios en el Colegio Diocesano de Santo Domingo, su autoformación se nutre a través de las lecturas de los libros de la biblioteca del canónigo Luis Almarcha.

Su trayectoria demuestra que son dos poetas paralelos en sus comienzos, ambos de origen humilde, ambos autodidactas, ambos unidos por la ideología comunista, ambos influidos por el pueblo, lo bucólico los temas más naturales y cotidianos.

El amor es evidentemente un lugar común, como tema, común a casi todos los poetas, pero el estilo identifica a cada uno de ellos, esto ocurre con Elvio Romero. La poesía de ambos también se ve impregnada por el bucolismo paisajista.

Romero es autor, como se ha mencionado, de una biografía del poeta oriolano, publicada en 1958, muy difundida. También prologará tres publicaciones de la obra hernandiana, una de ellas es Viento del pueblo (Editorial Lautaro, 1956); Cancionero y romancero de ausencias (Editorial Lautaro, 1958); y una edición de sus Obras completas, con la Editorial Losada, 1960.

En marzo de 1982 participó en el Primer Congreso Internacional dedicado a Miguel Hernández, celebrado en las ciudades de Alicante, Orihuela y Elche.