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Coetáneos de Miguel Hernández

Emilio Prados Such

 

Emilio Prados Such nace en Málaga el 4 de marzo de 1899, en el seno de una acaudalada familia. Fue bautizado con el nombre de Emilio Casimiro Prados Such en la parroquia del Sagrario de la Catedral de la misma ciudad.

Su padre provenía de una familia campesina de Alhama de Granada. Trabajó durante algún tiempo en distintas zonas de Andalucía. Una vez establecido en Málaga consiguió, en pocos años, ser propietario de una importante fábrica de muebles, que proporcionó a la familia una holgada posición económica. Dicha empresa llegó a ser suministradora de la Casa Real.
Su madre pertenecía a una familia de la burguesía malagueña de arraigada tradición liberal, que le inculcó la lectura y una espiritualidad que dejó una profunda huella en él.

Emilio Prados pasó sus primeros años escolares con Vicente Aleixandre, en el parvulario de don Ventura Barranco, lugar por el que también pasó Severo Ochoa. Aleixandre dedicó un poema entrañable a su amigo de infancia cuando falleció en 1962. Tuvo una salud delicada, que le llevó a pasar frecuentes temporadas en el campo malagueño. Este contacto con la vida natural también influirá poderosamente en él, hasta el punto de que quiso estudiar Ciencias Naturales y el panteísmo consiguiente se verá reflejado en parte de su obra.

A los 15 años se marcha a Madrid, para acabar el Bachillerato. A través de su hermano Miguel, afamado psiquiatra y quien cariñosamente le sostendrá económicamente en su exilio mexicano, acude a las reuniones de la ILE (Institución Libre de Enseñanza), donde conoce a Antonio Machado, Miguel de Unamuno y Juan Ramón Jiménez. Su amistad con Juan Ramón Jiménez determina su orientación hacia la poesía, que comienza a escribir en secreto.

En 1918 ingresa en la Residencia de Estudiantes, en donde establecerá gran amistad con Federico García Lorca. Son famosas sus cazas de estrellas con un espejo. El soñador Emilio, solitario y sensible, atraerá la amistad de otros residentes.

En 1921 padece una tuberculosis pulmonar que le obliga a ingresar en el sanatorio de Davos Platz (Suiza). Esa estancia le confirma en su querencia por la Naturaleza y otra afición que tendrá una gran importancia en su poesía: la Filosofía. Los terrores nocturnos se suceden, y ello agobia al incipiente poeta.

En 1922 asiste a un congreso de Filosofía en la Universidad de Friburgo (Alemania), donde entra en contacto con la vanguardia artística y literaria alemana, que resultará decisiva para su vocación de escritor. Comienza en esta época su acercamiento a la obra de los grandes románticos alemanes. En el caso de Goethe y Novalis lo aproximan a una línea de pensamiento que culminará en sus libros de la etapa mexicana. La lectura de éstos y otros escritores harán de su poesía una interesante mezcla de Romanticismo, presocráticos, clásicos españoles y vivencias propias, basadas en su exquisita sensibilidad y su enfermedad.

En 1925 su padre adquiere la Imprenta Sur, en la que comienza a trabajar Emilio Prados y de la que sale la mítica revista Litoral.Imagen de la revista Litoral. Es también en esta revista donde publica Tiempo, su primer libro poético. En esta época empieza la correspondencia con el librero León Sánchez Cuesta, que resulta fundamental para calibrar las lecturas poéticas y filosóficas de Prados. Las orientaciones y el apoyo del librero madrileño mitigan la soledad de estos años.

En 1926 aparecen los dos primeros números de la revista Litoral. En 1929, y con el número 9, la revista Litoral concluye su publicación. El año 1927 fue de gran actividad en la imprenta, publicando obras de Bergamín, Altolaguirre, García Lorca, Hinojosa, Cernuda, Josefina de la Torre y el mismo Emilio Prados. La calidad tipográfica, y las no menos legendarias erratas, darán carácter a la revista, poniendo en contacto a toda la llamada generación del 27.

En 1928, Cernuda pasa el verano en Málaga y afianza su amistad con Emilio Prados, con el que planea realizar una antología de poesía española contemporánea. Dicho proyecto nunca verá la luz. La participación tipográfica de Manuel Altolaguirre, y la coincidencia en las lecturas del romancero popular, harán que, a partir de entonces, se les mencione como inseparables compañeros de las letras.

Hasta este momento tiene lugar lo que se conoce como su primera etapa, en la que funde elementos vanguardistas y surrealistas con sus raíces arábigo-andaluzas. A esta primera etapa corresponden obras tales como el ya citado Tiempo (1925), Veinte poemas en verso (1925), Canciones del farero (1926), o El misterio del agua (1926-1927). Esta última obra ha sido reeditada en 2005.

A partir de 1932 comienza su segunda etapa, en la que se entrega a la poesía social y política con un lenguaje surrealista. Paralelamente a sus actividades creadoras, su compromiso social se va decantando por un progresivo interés hacia los sectores más pobres y desfavorecidos de la sociedad. Da clases a los hijos de los pescadores malagueños, y su cercanía a postulados comunistas lo sitúan en la vanguardia política, lejos de la burguesía acomodada de donde procede.

Al estallar la guerra en Málaga se traslada a Madrid, entrando a formar parte de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Su participación en la edición de antologías, romanceros, revistas, etc., hizo que conociera a Miguel Hernández.

En el verano de 1937 participa, con Arturo Serrano Plaja y Juan Gil-Albert, en la organización del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas en Defensa de la Cultura. Allí volverá a coincidir con Hernández. La necesidad de acercar la poesía a los milicianos con un objetivo ideológico y de animarles en la lucha, hará que ambos poetas vivan ese momento con grandes dosis de compañerismo y camaradería.

En 1938 aparece en la revista barcelonesa Nuestra Bandera una reseña de Viento del pueblo, de Miguel Hernández, único texto crítico que se conoce de Emilio Prados. Más adelante nos detendremos en ello. En ese mismo año recibe el Premio Nacional de Literatura por la recopilación de su poesía de guerra, Destino fiel.

Las obras que corresponden a esta segunda etapa son: La voz cautiva (1933), Andando, andando por el mundo (1934), La tierra que no alienta (1935), Seis estancias (1936), Llanto en la sangre (1933-1936), El llanto subterráneo (1936), Tres cantos (1937), Romances (1937), Cancionero menor para los combatientes (1936-1938), y el anteriormente citado Destino fiel (1938). También participa, junto a Antonio Rodríguez-Moñino, en la realización del famoso Romancero General de la Guerra de España (IMAGEN 9) (1937), en donde la poesía de Prados y la de Hernández retoman alientos neopopulares.

Su tercera y última etapa corresponde a su exilio en México, desde 1939 hasta su muerte en 1962. En este periodo, sus poesías emanan un profundo sentimiento de desarraigo y soledad. El tono filosófico de los libros publicados en América Latina lo caracterizarán. Precisamente, la crítica ha valorado más este último tramo de la obra pradiana que el anterior de la escrita en España antes de la guerra.

En su recta final, y con sus ultimas obras: Mínima muerte (1944), Jardín cerrado(1940-1946), Memoria del olvido(1940), Río natural(1957), Circuncisión del sueño(1957), y Signos del ser(1962), Emilio Prados se dirige hacia una poesía cada vez más densa y filosófica, hacia el concepto de vida nueva, autoafirmándose en su independencia y en la visión abierta y vanguardista que siempre había defendido la generación del 27.

El 24 de abril de 1962, Emilio Prados, murió en Ciudad de México (México), cuando contaba con 63 años y había corregido las pruebas de su Signos del ser, editado por Papeles de Son Armadans. De manera póstuma apareció en Málaga Últimos poemas (1965).
En 1996 el legado de Emilio Prados es incorporado el Centro de Documentación de la Residencia de Estudiantes, de Madrid, gracias a los herederos del poeta.

El 14 de julio de 1998, en un acto celebrado en el Palacio Provincial, es nombrado "Hijo Predilecto de la Provincia de Málaga".

En 1999 se realizan diversos actos conmemorativos en Málaga y Madrid del centenario de su nacimiento. Entre los más destacados, podemos citar la exposición "Emilio Prados, 1899-1962". También fueron publicadas sus Poesías completas, en dos gruesos volúmenes, en edición de Antonio Carreira y Carlos Blanco Aguinaga (Madrid, Visor), con diversas novedades con respecto a la edición existente de sus poesías (México, Aguilar, 1975, 2 vols.).

Desde 1998 el interés creciente por la obra y figura de Emilio Prados ha sido importante. Podemos mencionarlas reediciones siguientes:

-Diario íntimo (1998 y 1999)
-Mosaico. Poemas con espejismo (1998 y 1999)
-Tiempo. Canciones del farero. Vuelta (1999)
-El misterio del agua (1999 y 2005)
-Jardín cerrado (2000)
La crítica ha dedicado amplio espacio a Prados:
-Emilio Prados. Un hombre, un universo (2000)
-Reedición del volumen, ya clásico (1960), de Carlos Blanco Aguinaga: Emilio Prados. Vida y obra (1999)
-Reedición en español del libro de Harriet K. Greif Historia de nacimientos: la poesía de Emilio Prados (1999)
-La poesía de Emilio Prados, de Antonio García Velasco (2000)
-Cita sin límites. Homenaje a Emilio Prados en el centenario de su nacimiento (Málaga 1899- México 1962) (2001)
-La cruz abierta . El presente infinito de Emilio Prados (2003), de Gemma Suñe Minguella.

Relación con Miguel Hernández

Como ha sido apuntado, ambos poetas coincidieron, a partir del estallido de la guerra civil, en diversas publicaciones y actos reivindicativos republicanos. Por ejemplo, en la sede de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, en Madrid, y durante el II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas en Defensa de la Cultura,Imagen del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas en Defensa de la Cultura celebrado en el verano de 1937 en Valencia. Allí coincidieron ambos en la firma de la Ponencia Colectiva, que aspiraba a aunar calidad literaria y compromiso, sin permitir que la militancia política enturbiase el nivel poético adquirido en los aliños previos al conflicto armado.

Emilio Prados y Antonio Rodríguez-Moñino cuidaron la edición del famoso Romancero General de la Guerra de España (1937), en donde coinciden los versos de Prados y los de Hernández. En otros romanceros también se harán escuchar, juntas, ambas voces mediterráneas.

Pero es en la reseña que Prados dedica a Viento del pueblo, en la revista barcelonesa Nuestra Bandera, del Partido Comunista de España (nº1-2, pp.138-140), correspondiente a enero-febrero de 1938, en donde Prados se explaya en comentarios hacia la obra hernandiana. El valor de esta reseña es grande, ya que fue la única que Prados publicó. Al menos no se tiene constancia de otras.

Prados enjuicia la vuelta a los ecos populares en la poesía escrita durante la guerra, coherente con su origen social humilde: "Volvía a nacer su voz poética con nuevo calor, ahora verdadero calor humano. Tal vez con menos perfección formal, pero más personal, más libre, más impetuosa y joven en su realidad prometedora, ya que volvía a nacer desde el verdadero origen de su cauce". De este modo, "se siente desprendido de su poesía anterior, dentro de la que él mismo se miraba contenido y sangrando, apenas sin alegría, amarrado a ella con todo el caudal palpitante de su enorme y caliente fuerza humana". Como vemos, una reseña realizada desde las entrañas y desde la cordialidad, desde la tarea conjunta de la lucha en una guerra en la que la poesía también era un arma cargada de futuro.

La misma raíz une a los dos poetas, aunque procedieran de diferentes clases sociales y ambientes culturales. Una búsqueda constante de lo absoluto y del fondo ético de la vida, más allá de la fuente clásica que duerme al amparo de una luna reconcentrada en la soledad.