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Coetáneos de Miguel Hernández

Pedro Pérez Clotet

 

Pedro Pérez Clotet nació el 13 de diciembre de 1902 en la soleada villa gaditana de Villaluenga del Rosario. En ese mismo año nacerían también Luis Cernuda, Rafael Alberti y Nicolás Guillén.

Sus estudios, los cursó primero en su propia casa particular para, con once años, ingresar en el Colegio jesuita de San Luis Gonzaga, de Ell Puerto de Santa María, el mismo colegio en el que también estudiaron Juan Ramón Jiménez, Eduardo Llosent, Fernando Villalón, Muñoz Seca o Rafael Alberti.

El afán por versificar parece ser que lo tenía ya desde muy pequeño, desde los cinco años poco más o menos. A esta edad, parece ser que empezó a crear, jugando, sus primeras revistas, que cosía su madre, Rosario Clotet de Castro. Luego, componía versos que recitaba a la familia e incluso intentaba montar alguna pequeña función teatral.

Pedro Pérez Clotet cursa los estudios de Bachillerato en el Instituto General y Técnico de Jerez de la Frontera. Los inicia en octubre de 1914, finalizándolos en mayo de 1920, donde obtiene unas calificaciones excelentes.

Llega entonces el momento de que se traslade a Sevilla, lugar escogido para estudiar la carrera de Derecho. Iniciada en 1920, coincide también en su primer curso con Pedro Salinas, poeta y profesor de Lengua y Literatura Españolas, una de las asignaturas del preparatorio a los estudios de Derecho que entonces se cursaba.

Pedro Pérez Clotet estudiará en la capital hispalense hasta 1925, momento en que traslada su expediente a Madrid.

Antes hay que hacer constar que, por edad, queda alistado en el año 1923, pidiendo prórroga para poder continuar sus estudios, siendo revisada su situación en 1925 y 1926.

Se traslada, como decíamos, a Madrid en 1926 a continuar, o mejor dicho finalizar sus estudios de Derecho.

Estos estudios de Licenciatura tuvieron continuación con los de Doctorado, materializándose en la tesis La política de Dios de Quevedo. Su contenido ético-jurídico, publicado en 1928. Esta tesis mereció la atención del propio Américo Castro y los elogios de la prensa del momento como El Sol, ABC o La Gaceta Literaria.

En el Madrid de esos años (1926-1927), Pérez Clotet va a foguearse poéticamente hablando gracias a las tertulias literarias a las que acude, y entre las que destacan las organizadas alrededor de Juan Ramón Jiménez, junto con reuniones con otros poetas y amigos de la infancia, tales como Baltasar Peña Hinojosa o Juan Miguel Pomar.

Vuelve poco después a Sevilla, y empieza a tejer una fecunda red de amistades. Las primeras, estarán vinculadas a la revista Mediodía, entre cuyos colaboradores y posteriores amigos y objetos de la lógica correspondencia, encontramos a Rafael Laffón y a Rafael Porlán.

La correspondencia estará dirigida principalmente a buscar colaboración para la revista Isla y también para interesarse por Mediodía, aunque también cruzará parte de esa correspondencia con el cordobés Rafael Porlán, posiblemente interesado en publicar en la Colección Isla, y en una investigación sobre su obra poética.

Isla, será una de las publicaciones literarias nacidas en Cádiz con mayor alcance y proyección. Entre sus colaboradores, podremos encontrar a nombres tan destacados como: Aleixandre, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dionisio Ridruejo, Pemán, Luis Rosales, Muñoz Rojas, Carmen Conde y Miguel Hernández, entre otros.

Dos años después de iniciar esta aventura editorial, en 1934 contrae matrimonio con Áurea Moscoso, que también era vecina del mismo Villaluenga del Rosario.

Va a establecer correspondencia con Llosent, posterior director de Mediodía, con el objeto de publicar en la serie de sus Cuadernos y en el suplemento Arenal.

Quizá hemos adelantado algún acontecimiento, puesto que gran parte de esta correspondencia se remonta a la década de los años treinta.

En los albores de esta década, que se mostrará tan convulsa y tan importante en las vidas de todos los españoles, Pérez Clotet sufre primero la pérdida de su madre, que fallece el 19 de diciembre de 1929, y con posterioridad, el 21 de noviembre de 1931, su padre. Vuelve entonces desde Sevilla a su pueblo, del que va a resultar elegido alcalde, cargo desde el que va a colaborar de manera activa, tal y como confirma Juan Manuel Bonet, con las Misiones Pedagógicas.

Es desde 1932 a 1940 cuando nos encontremos al Pérez Clotet más familiar para todos, ya que va a ostentar la dirección de la ya citada y prestigiosa revista literaria Isla. Estas fechas, comprenden la primera etapa (números 1 a 9, correspondientes a los años 1932 a 1936, en Cádiz) y la segunda fase (números 10 a 20, correspondientes a los años 1937 a 1940).

Esta revista será considerada complementaria de muchas otras que siguieron una estética parecida, tales como Gaceta de Arte, Noreste, Hoja Literaria, y tantas otras.

Llega entonces el estallido de la guerra civil, y decide permanecer en Jerez de la Frontera, al que escapa por temor a ser detenido, y donde ejerce labores de propaganda a favor del bando nacional.

Ingresa en noviembre de 1937 en la Academia Hispano-Americana de Letras y Ciencias de Cádiz con el discurso "La Sierra de Cádiz en la literatura". En este discurso unió naturaleza y cultura, creando un texto poético y antropológico a la vez en el que, por un lado, recogió las repercusiones de la Sierra de Cádiz en figuras de la literatura como Azorín, Baroja o Blasco Ibáñez, y por otro recogió información sobre folclore, fiestas, historia e incluso bandidos famosos.

Finalizada ya la guerra civil, vuelve a ser elegido alcalde de su pueblo, mandato que ostenta entre los años 1940 y 1943 y que recuerda Gerardo Diego cuando se dirigía a Cádiz a participar en sus Jornadas Literarias.

En 1943 se traslada a la abrupta Ronda, antaño tierra de bandoleros como los que él detalló en su discurso de ingreso en la Academia. Aquí le sorprenderá la muerte el 12 de mayo de 1966.

Pérez Clotet fue también durante esos años de estancia en Ronda, sobre todo en los primeros, un viajero empedernido que recorrió España, Francia, Italia y Portugal, prefiriendo después vivir tranquilo y sereno, encaramado a su atalaya rondeña.

La obra de Pérez Clotet de antes de la guerra, se incluyó en Antología parcial de poetas andaluces (1925 - 1935), con prólogo y selección de Álvaro Arauz. En la posguerra, su obra se recoge en las antologías de González Ruano (1946), que lo muestra como el "Azorín andaluz" y con un gran amor por los clásicos españoles, y también en la de Federico Carlos Sainz de Robles (1947), que habla de él diciendo que fue un poeta "independiente, austero y meditabundo". A ellos se unen Guillermo Díaz-Plaja, que afirma en su obra La poesía lírica española (1948) que es "radicalmente andaluz, aunque sensible a los ritmos gráciles del decir popular" y su compañero, Valbuena Prat, para quien Pérez Clotet "es un auténtico poeta, fluctuante entre la devoción a Góngora y Guillén".

También desde el exilio Enrique Azcoaga se va a preocupar de él en su antología (1953), mientras que otra vez en España, el crítico y poeta José Luis Cano incluiría algunos de sus poemas en su conocida obra, la Antología de poetas andaluces contemporáneos (1952).

A día de hoy, y cuando se espera ya la publicación de sus obras completas, todavía es mucho más y muy bueno lo encontrado sobre Pérez Clotet si seguimos con esa búsqueda retrospectiva, que llega ya incluso a incluirle en los manuales de literatura al uso.

En cuanto al análisis "puro y duro" de su obra, habría que decir que los primeros estudios tan sólo se centraron en el equilibrio estético que muestra el autor, teniendo que esperar a la década de los ochenta para que de la mano de Leopoldo de Luis, que le hermana con Rafael Porlán dentro del grupo del 27, la crítica se detuviese en dos aspectos más de su poética, como son las recreaciones paisajísticas y la "pureza" de sus poemas, despojados de fechas o nombres.

Hablemos ahora con más detenimiento de su producción literaria.

Pedro Pérez Clotet coquetearía con las vanguardias en sus tres primeros poemarios. El primero, es el titulado Signo del Alba, aparecido en 1929 en Málaga. En él, utiliza las décimas, que recuerdan a Góngora, mostrándose alerta ante el pasado y haciendo un uso simbólico del paisaje. Además, podemos encontrar alguna composición dedicada a amigos como Emilio Prados. Este libro, despertaría abundantes críticas, la mayoría positivas, como las de Ernesto Giménez Caballero, que le ve "dentro de la escuela de Jorge Guillén", o la revista Atlántico, que comparaba sus poemas con "un teorema matemático".

A Signo del Alba, le seguirá en 1933 Trasluz, que aparece publicado ya en la Colección Isla. En este libro se desarrolla el paisaje a modo de imágenes, encontrándonos con los detalles neopopularistas propios del surrealismo y sumado a una innovación temática página a página, siendo su lenguaje poético más expresivo que en su anterior libro.

La tercera obra surrealista de Pérez Clotet es A la sombra de mi vida, publicada en Madrid en 1935. En ella, se va dando entrada al simbolismo. El poeta se acoge al título para iniciar una reflexión sobre el amor, con ciertas notas de erotismo y trasladado todo al paisaje.

En 1941 aparece su siguiente libro, Invocaciones, publicado otra vez en la Colección Isla. El libro resulta innovador ya que, a pesar de las tendencias imperantes, se decanta por las elegías y la poesía religiosa. La Eucaristía, San Juan de la Cruz y otros personajes religiosos tienen un hueco aquí, donde la naturaleza se describe de manera mística.

Dos años después, nos llegan casi seguidos A orillas del silencio (1943) y Presencia fiel (1944), que aún recoge poemas de los años 1934 a 1938 y que suponen una continuación de su cosmovisión amorosa y paisajista.

Un año después aparece en la prestigiosa Colección Adonaïs Soledades en vuelo, obra conocida por amalgamar la tristeza y la voz evocadora de amigos como González Ruano, Adriano del Valle, etc., con lo elegíaco.

Habrá que esperar hasta 1950 para encontrar publicada su siguiente obra, Noche del hombre, en la que aparece reflejada la caducidad de todo lo que nos rodea.

Este ciclo poético, que tiene como motivo central de preocupación lo existencial, finaliza con dos obras, muy espaciadas temporalmente: Como un sueño, publicado en la Colección Ínsula en Madrid, en 1951, y Ruedo Soñado, que se publica en 1961, cinco años antes del fallecimiento del poeta.

De manera póstuma, José Manuel García-Gómez prepararía la edición del volumen Primer adiós en 1974, obra que contó con el prólogo de José María Pemán, quedando por desgracia inéditos dos títulos: Paisajes de ida y vuelta y Viento de montaña,Imagen de Paisajes de ida y vuelta y Viento de montaña dos ejemplos más de esa asociación entre su poesía y la luz y lo paisajístico.

Pero la obra de Pedro Pérez Clotet no fue sólo poética, como se puede deducir de lo enunciado líneas atrás, cuando desarrollábamos su peripecia vital. Pérez Clotet publicó también varios volúmenes de ensayo e investigación histórica. El primero sería el ya mencionado La sierra de Cádiz en la literatura (1937), al que siguen Tiempo Literario I, publicado en la Colección Isla en 1939, Algunas notas sobre la Andalucía del Padre Coloma (1940), Romances de la Sierra de Cádiz (1940), Tiempo Literario II, también publicado en la Colección Isla en 1945, y, finalmente, y también aparecido en la Colección Isla en 1949, la obra Bajo la voz amiga, un volumen en prosa de evocación que se ha visto como ejemplo de toda una obra y del que Muñoz Rojas elogiosamente escribe: "Si tuviera que escoger un modelo de buena prosa poética andaluza, me serviría cualquiera de los poemas de este libro exquisito".

Relación con Miguel Hernández

La relación entre Pedro Pérez Clotet y Miguel Hernández fue, a pesar de tener como medio de establecimiento las cartas que ambos se cruzaron, sincera e intensa.

Dicha amistad nos la encontramos circunscrita al periodo comprendido entre 1933 y poco antes del inicio de la guerra civil, conflicto que les separaría de modo irremediable al encontrarse ambos en bandos opuestos como ya sabemos: Miguel al servicio de la II República y Pérez Clotet al del bando nacional.

Esta amistad, tan abierta y tan sincera, alcanzó también a algunos de los amigos que entonces rodeaban a Miguel Hernández, como son Carlos Fenoll y José Marín Garrigós, más conocido como Ramón Sijé. Éstos, al igual que Miguel, encontraron en esa personalidad que quería y admiraba tanto a su tierra una personalidad afín, y por ello establecieron también con él una relación epistolar que tenía como misión casi fundamental el envío de materiales para ser publicados en la revista Isla, de la cual se mostraban como fervientes y ansiosos lectores. Recordemos que Isla estuvo dirigida por Pedro Pérez Clotet desde 1932 a 1940 y que además dio lugar a una colección dependiente de ella y con el mismo nombre y a la cual enviarían sus colaboraciones Miguel Hernández y Ramón Sijé.

Pero a tenor de cartas aparecidas hace poco, publicadas en el número 3 de la revista Campo de Agramante, de Jerez de la Frontera, y que recoge más materiales a modo de pequeño y sincero homenaje a la figura de Pérez Clotet, aún se puede ver otra faceta más en esa amistad, la de pedir que Pérez Clotet, ya consagrado autor se convirtiese poco menos que en agente de ventas de la primera obra de Hernández, la incomprendida Perito en lunas. El Hernández que aparece aquí es, lógicamente, como cualquier poeta joven que desea abrirse camino con el primer volumen de poesía que salía de su pluma, impaciente, valiente. Este episodio que mencionamos es lo que narra la carta de 2 de febrero de 1933 dirigida a Pérez Clotet. Le comenta cómo eran vistos él y su libro: "incomprendido en mi mismo hogar. Y odiado". Por eso le explica: "Voy a pedirle un favor: ¿no podrá hacer porque vayan ahí diez, o quince, o veinte ejemplares del libro?. Hágalo, si puede, cuanto antes, pues dentro de unos días he de pagar la edición y no podrá hacerlo si no vendo ochenta ejemplares más: llevo vendidos unos cien (...) mándeme el del número de ejemplares que pido y se los enviaré contra reembolso". Finalmente, en la carta y tras comentar otra vez cuál era su situación, introduce a su amigo Carlos Fenoll como para presentarlo y vuelve a la carga como uniendo su voz a la de Carlos para pedir un ejemplar de la revista y de una obra. Esta costumbre estaba muy arraigada durante la época, teniendo Miguel como costumbre, aparecer como más pobre de lo que era para dar pena y conseguir un ejemplar directamente del autor de la obra seleccionada, como hizo con Vicente Aleixandre entre otros que nos vienen a la memoria ahora mismo: "Aguardo, aguardamos Fenoll y yo su Trasluz y el segundo número de Isla".

La carta, tiene continuación en otra de febrero de 1935. En ella Miguel se deshace en alabanzas en general a la revista Isla, aunque las alabanzas vayan a un número en particular de la misma, lo cual además es para él motivo de gozo. No sabemos si el número fue regalo del propio Pérez Clotet, seguramente sí, ya que el oriolano, como hemos dicho colaboraría y era costumbre entre amistades intercambiarse las obras, junto a la costumbre ya detallada de Hernández de pedir directamente, haciéndose además pasar por alguien más pobre de lo que era.

Puestos a pedir, pide de manera casi disimulada para los demás: "He dado a Fenoll su número. Creo que le escribirá pronto. La dirección de Sijé: Ramón y Cajal, 27, es, por si piensa escribirle o enviarle su revista."

Después de esas dos líneas apenas vuelve a desviar la atención comentando cuales son sus actuales tareas literarias: "Estoy acabando mi segundo libro para enviarlo en octubre al Concurso Nacional. Original. Definitivo. Poemas de factura clásica. Al revés que Perito en lunas, este es un libro descendido y descendiente del sol: solar. Claro y concreto. Me parece que como no haya comida de negros, será para mi ambición el premio designado por el Estado al mejor libro lírico". A este comentario literario sigue otro de una foto que enviaba junto con sus compañeros de afición futbolística, de los que dice "La gente que me rodea es toda inocente obrera". Una foto a cuyo comentario añade la relación de su entorno con el admirado Gabriel Miró, un entorno sobre el que esboza un comentario que corre parejo a lo plasmado en su famoso poema "Sonreídme": "La tierra que piso en ella la anduvo jugando Gabriel Miró: es la del patio del colegio en que pasó su infancia y adolescencia -como yo- entre oscuridades jesuíticas".

Finalmente, vuelve otra vez a su natural carácter petitorio cuando dice: "¡Eh! ¡Su Trasluz! ¡Mándeme enseguida su Trasluz!", mitigado sin embargo con su natural predisposición a la ayuda: "Cuando quiera, puede pedirme algo para la tercera salida de ISLA, que como tal, para ser perfectamente tal, tiene que tener algún naufragio, aunque transitorio".

También hay que recordar cómo un muy joven Miguel Hernández, que finalmente terminó colaborando en Isla, escribiría finalmente sobre Trasluz, su ambicionado Trasluz, reseñándolo, -que posiblemente terminaría enviándole Pérez Clotet- en El Diario de Cádiz del 20 de diciembre de 1933: "Para alternarlo con San Juan y Fray Luis sin inconveniente. Es el tiempo de las voces pacíficas, por serenas. Trasluz, creedlo me ha faltado: bello excesivo. Desnudo adánico como Eva. Adán, siendo poeta, hubiese hecho un libro así ante la sencillez y graciosidad pura de sus primeros ojos".

Aparte de la correspondencia mantenida entre ambos, la publicación de las colaboraciones de Hernández en Isla, y la reseña hernandiana mencionada, existe un poema de homenaje a Hernández por parte de Pérez Clotet, se trata de "A Miguel Hernández", aparecido en la revista malagueña Caracola, en su número 96-97 de octubre-noviembre de 1960, en su página 15.

Como se puede constatar, esta relación fue una relación que, a pesar de la lejanía de los kilómetros y del medio utilizado, supo ganar para todos textos de varias mentes que quizá sin la difusión que gracias a esta proliferación de publicaciones y a la red de colaboraciones y amistades tejidas entre ellas y sus colaboradores, se hubiesen perdido. Estas cartas, recientemente aparecidas, se pueden sumar a otras del momento, pero no sólo del mismo autor, sino de otros, probando la bonanza cultural y de relaciones personales entabladas antes del cruel estallido de la guerra civil en 1936 y que pone el punto final a una época idílica en lo cultural.