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Coetáneos de Miguel Hernández

Luis Almarcha Hernández

 

Luis Almarcha Hernández nace en La Murada (Orihuela) el 14 de octubre de 1887. Ingresa en el Seminario Diocesano de Orihuela a los once años, donde estudia Humanidades, Filosofía y Teología y, diez años después, en 1908, se traslada a Roma, donde obtiene el grado de Doctor en Derecho Canónico.

 
Es ordenado sacerdote el 17 de julio de 1910, y dos años después es nombrado profesor del Seminario y Prefecto de Disciplina. En 1923 es nombrado por la Santa Sede Dignidad de Chantre de la Catedral de Orihuela y en 1924 Vicario General de la Diócesis.
 
Cuando se inicia la guerra civil es encarcelado en Barcelona, consigue huir a Francia y al término del conflicto vuelve a España. Es nombrado directamente por Franco Procurador en Cortes de la primera legislativa y miembro del Consejo del Reino.
 
El 10 de julio de 1944 Pío XII le nombra Obispo de León, siendo consagrado Obispo de la Diócesis el 29 de octubre del mismo año, cargo que ocuparía hasta el 4 de abril de 1970. 
Entre sus innumerables nombramientos y distinciones figuran las de Vicario de Orihuela, Procurador a Cortes, Consejero del Reino, Asesor Nacional de Sindicatos, Consejero Nato de la Casa de León en Madrid, Presidente Honorario de la Caja Rural Cooperativa Agrícola Católica de Aspe, Consejero de Honor del Instituto Nacional de Previsión de León, Presidente de la Junta Nacional de Arte Sacro, Asistente del Solio Pontificio, Consejero de Honor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, etc.. Estaba en posesión de la Cruz de San Raimundo de Peñafort, de la Gran Cruz de la Orden de Cisneros, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, Gran Cruz de Isabel la Católica, Medalla de Honor Personal de la Real Academia de San Fernando.
 
Permanece en la silla episcopal durante 26 años, cuando solicita de Su Santidad Pablo VI su dimisión por motivos de salud, dimisión que le es concedida y se le nombra Obispo Titular Dimisionario de León.
 
Participó en todas las sesiones del Concilio Vaticano II, siendo notables sus intervenciones sobre Arte Sacro, doctrina social y formación de los sacerdotes. Durante su pontificado realiza cinco visitas pastorales completas a la Diócesis. Bajo su mandato, y merced a su iniciativa, tuvieron lugar en León acontecimientos tan importantes como el VI Congreso Eucarístico Nacional, I y II Semana Nacional de Arte Sacro, Año Isidoriano, XI Centenario de Coyoanza y un Sínodo Diocesano.
 
Es nombrado hijo adoptivo de Orihuela en 1944 y de León y provincia en 1964. Falleció en León el 17 de diciembre de 1974 y está enterrado en la capilla de la Virgen del Camino de la Catedral. Sobre su escudo episcopal aparece el lema “Dunc Altum” (hacia lo alto), que tanto gustaba repetir.
 
Almarcha llegó a León el 29 de octubre de 1944, una ciudad que todavía se recuperaba de los estragos de la guerra concluida cinco años atrás.
 
Desde el mismo de su llegada a León, el doctor Almarcha se preocupa en conocer con detenimiento la problemática diocesana y en especial en saber las necesidades de todo tipo del pueblo que va a gobernar espiritualmente. De toda esta labor pastoral ha dejado puntual testimonio en los cuatro tomos de sus obras, editadas por el Centro de Estudios “San Isidoro” y el Archivo Histórico Diocesano. El primero de estos volúmenes está dedicado a la Corporación como sistema económico-social, algo por lo que el Obispo de León sentía especial inclinación desde sus primeros tiempos en Orihuela, donde había creado las Cooperativas Agrarias, que aún permanecen en activo. El segundo tomo se centra en las Ideas Sociales, otra de sus permanentes inquietudes y en el se recogen las pastorales, ponencias y discursos de carácter social que forman el “corpus” de su doctrina. El tercero está dedicado a los escritos doctrinales y pastorales, agrupados bajo unos específicos y el cuarto, “Instituciones y Diócesis”, se detiene en los más variados campos de la investigación, la cultura, el apostolado, la pastoral y la previsión del clero.
 
Busca de inmediato colaboradores eficientes a los que encomienda el cuidado y la vigilancia de los bienes eclesiásticos de la Diócesis, con el fin de comenzar la obra de conservación del patrimonio artístico, restaurando iglesias, monasterios y conventos en peligro de desaparición o derrumbe, reconstruyendo aquéllos que, con el tiempo y la dejadez, se habían venido abajo. Para ello instituye el día 1 de junio de 1948 la Constitución de Arte Sacro, juntamente con las de Apostolado Litúrgico y Música Sacra. La primera, que consta de dos secciones, se ocupa de Arquitectura, Escultura y Pintura, la otra, de Artes Santuarias religiosas, tiene como fin velar por la observación de las normas eclesiásticas en la construcción y reparación de templos y vigilar por la conservación del tesoro artístico de la Iglesia.
 
El 1 de septiembre de 1952 crea la Escuela Superior de Arte Sacro, al servicio de la misma finalidad. Bajo su impulso y dirección se crean, en los 16 primeros años de pontificado, 54 nuevos templos, se reconstruyen 159, se reparan 397, se crean 131 nuevas casas rectorales, y se reconstruyen 241.
 
Uno de los mayores logros del obispo fue la creación de una cooperativa de Casas Baratas en el barrio de San José de las Ventas de León, poco tiempo después de fundar las Cajas de Pobres.
 
A pesar de toda esta ingente obra social de cinco lustros, de haber sido uno de los obispos más respetados por Franco y sus ministros, y de haber gozado de la estima de las más altas jerarquías purpuradas vaticanas, para sus feligreses Almarcha era un hombre distante al que el pueblo veía como a un patriarca a quien se le admira pero se le teme.
 
RELACIÓN CON MIGUEL HERNÁNDEZ
Las primeras lecturas de los autores clásicos las pudo hacer Miguel Hernández en la biblioteca del Círculo de las Artes de Orihuela, pero también gracias a los préstamos de libros que le facilitaba Almarcha, por entonces Vicario General de la diócesis alicantina. Fue Luis Almarcha quien indujo a Miguel a publicar sus primeros versos en el diario “El Pueblo de Orihuela”, medio local en el que el vicario no sólo colaboraba, sino del que era fundador y director.
 
En octubre de 1932 Miguel se dirige por carta a su amigo Almarcha para solicitarle ayuda y conseguir así una beca de periodismo en Madrid; no hubo respuesta a tal demanda, posiblemente, y según algunos críticos, por la escasa confianza del religioso hacia el poeta.
 
A finales de ese mismo año Miguel se desplaza a Murcia y, gracias al aval de Almarcha, Arenas y Barber Marco, firma en la redacción del diario “La Verdad” el contrato de su libro “Perito en lunas”, pagado íntegramente por el vicario. Los resultados no son los esperados y se aprecia una evidente distancia con quienes en un principio le brindaron su ayuda. Le ocurrió con el propio Almarcha, quien en sus memorias afirmó: “Mis gustos literarios no iban por ahí”.
 
Ese distanciamiento se agrava hacia 1937, en plena guerra civil, con el desempeño del poeta de labores propagandísticas y culturales a favor de bando republicano. La falta de religiosidad en la vida y obra del poeta no pasó desapercibida para Almarcha, que expresa su disconformidad con las convicciones políticas y morales de Miguel. Sin embargo, Almarcha, en una entrevista publicada hacia el final de su vida, expresa lo contrario al afirmar que el propio Miguel le confesó en una ocasión que “nos pudo separar la política, pero no la religión, ni las aficiones artísticas”.
 
El 4 de mayo de 1939 Miguel es detenido en Portugal y entregado a la policía española en Rosal de la Frontera. Desde allí escribe a su esposa Josefina Manresa el 6 de mayo: “ve a mi casa y di a mi padre y a mi madre que estoy detenido, que un día de estos me llevan a Huelva desde este pueblo y que es preciso que me lleven a Orihuela. Que hablen con Don Luis Almarcha, Joaquín Andreu, Antonio Macando, Juan Bellod, Martínez Arenas, Baldomero Jiménez y quien sea preciso para la consecución de mi traslado a nuestro pueblo”. El aval de Almarcha llegará, pero no parece satisfacer mucho a Miguel, que escribe a Josefina el 22 de agosto: “He recibido certificado de Don Luis Almarcha. No es gran cosa lo que dice, pero servirá a mi abogado defensor probablemente”.
 
El 29 de septiembre de 1939 Miguel es denunciado por un oficial del Juzgado Municipal; es detenido y encerrado en el Seminario de Orihuela hasta que comienza un largo periplo por siete cárceles con la condena a muerte sobres sus espaldas, que le es conmutada por la de treinta años de cárcel, hasta que llega a la de Alicante ya enfermo de tuberculosis.
 
Es aquí donde por última vez recurre a Almarcha y éste va a verle a prisión en compañía de Gabriel Sijé, Antonio Fantucci, Alonso Ortuño y el director de la cárcel.
 
Según Almarcha, este último encuentro con el poeta fue emotivo y amistoso, un hecho que contrasta con la integridad ideológica que demostró Miguel hasta el final de su vida y contradicen los testimonios al respecto de otras personas que presenciaron el encuentro, Ramón Rocamora entre otros.
 
La influencia y el poder de Almarcha en esa época pudo haber servido, según algunas opiniones, para salvar la vida del poeta con un hipotético traslado a un sanatorio para enfermos de tuberculosis en Valencia, pero el vicario prefirió inhibirse y abandonar al enfermo a una muerte casi segura. Miguel falleció días después de su entrevista con Almarcha, dejando la sensación de que la historia hubiera tenido un final diferente con una mayor implicación del religioso a la hora de servirse de sus evidentes influencias.

 

 

 
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